Nasca: la teoría extraterrestre frente a la evidencia de su construcción humana

Las líneas de Nasca siguen siendo uno de los grandes enigmas arqueológicos de América, pero el misterio sobre cómo fueron construidas está mucho más cerca de resolverse que el de su finalidad. Las investigaciones arqueológicas no necesitan recurrir a una tecnología extraterrestre para explicar su trazado.


Los estudios dirigidos por el profesor Masato Sakai, de la Universidad de Yamagata, han demostrado además que el conjunto no puede entenderse como una única obra monumental. Existen diferentes tipos de geoglifos, realizados con técnicas distintas y distribuidos según patrones que apuntan a actividades humanas, rituales y circulación por el paisaje.

La Universidad de Yamagata comenzó su proyecto de investigación en 2004 y actualmente desarrolla estudios interdisciplinarios que combinan arqueología, antropología, información geoespacial, inteligencia artificial, psicología cognitiva, conservación y datación.

Sakai, especialista en antropología cultural y arqueología andina, comenzó a investigar las líneas de Nasca en 1994. Desde entonces ha participado en investigaciones de campo y en la identificación de cientos de nuevos geoglifos.


 

Líneas de Nasca (Imagen Leonid Andronov)

EL ORIGEN DE LA TEORÍA EXTRATERRESTRE

La idea de que seres extraterrestres construyeron las líneas de Nasca no nació de la arqueología moderna. Su principal impulsor fue el escritor suizo Erich von Däniken, quien popularizó en la década de 1960 la hipótesis de los antiguos astronautas.


En su interpretación, las enormes líneas rectas podían ser pistas de aterrizaje para naves extraterrestres, mientras determinadas figuras podían representar mensajes o referencias destinadas a visitantes procedentes del espacio.

Un artículo de la Sociedad Astronómica de Japón describió la hipótesis extraterrestre de Däniken y señaló que la interpretación de las líneas como pistas de aterrizaje carecía de fundamento

La teoría alcanzó una enorme difusión porque planteaba una pregunta aparentemente lógica: ¿cómo pudo una sociedad antigua realizar dibujos tan gigantescos sin poder observarlos desde el aire?

El problema es que esa pregunta parte de una premisa equivocada: para construir una figura gigantesca no es necesario verla completa desde el aire.

La astronomía japonesa ya documentaba esta cuestión hace décadas. Un artículo de la Sociedad Astronómica de Japón describió la hipótesis extraterrestre de Däniken y señaló que la interpretación de las líneas como pistas de aterrizaje carecía de fundamento, mientras destacaba explicaciones relacionadas con la religión y el paisaje andino.

El propio Sakai ha incluido la «teoría de los extraterrestres» entre las principales hipótesis históricas sobre Nasca, pero ha advertido que la evidencia disponible no permite convertirla en una explicación científica del conjunto.

En una conferencia difundida por la Universidad Kansai Gaidai, Sakai resumió la situación señalando que la teoría extraterrestre no podía confirmarse ni descartarse; al mismo tiempo, explicó que otras hipótesis también presentaban problemas cuando se aplicaban a la totalidad de las líneas.

Esa precisión es importante: decir que los arqueólogos «han demostrado que los extraterrestres no existieron» sería incorrecto. Lo que sí puede afirmarse es que no existe evidencia arqueológica que obligue a introducir extraterrestres para explicar la construcción de Nasca.

 

Líneas de Nasca (Imagen hecke61)

La evidencia arqueológica incluye estacas de madera asociadas con los extremos de algunas líneas. Una de ellas fue datada mediante carbono 14 en aproximadamente el año 525 d.C.

PIEDRAS, CUERDAS Y ESTACAS

La explicación técnica es mucho menos espectacular, pero encaja con la evidencia arqueológica.

Las líneas se realizaron principalmente retirando las piedras oscuras que cubrían la superficie del desierto y dejando expuesto el suelo más claro que había debajo. En otros casos, las piedras retiradas fueron acumuladas en los bordes, creando contraste entre las superficies. La extrema aridez de la región ayudó posteriormente a conservar las marcas durante siglos.

La pregunta realmente interesante es cómo consiguieron mantener la geometría de las líneas durante distancias enormes.

Una de las respuestas se encuentra en métodos elementales de medición: estacas, cuerdas, puntos de referencia y líneas de visión.

La evidencia arqueológica incluye estacas de madera asociadas con los extremos de algunas líneas. Una de ellas fue datada mediante carbono 14 en aproximadamente el año 525 d.C., con un margen de error de ±80 años, una fecha compatible con la presencia de la sociedad Nasca.

Eso no significa que se haya encontrado un «manual de construcción» Nasca. Tampoco permite afirmar que todas las figuras fueran realizadas exactamente con el mismo procedimiento.

Pero sí demuestra algo fundamental: los antiguos habitantes de la región disponían de materiales y procedimientos suficientes para establecer puntos, conservar direcciones y reproducir trazados sin necesidad de observar la figura desde el cielo.

La arqueología experimental reforzó esta posibilidad.

En 1982, el investigador estadounidense Joe Nickell reprodujo a escala real una de las grandes figuras utilizando herramientas sencillas, estacas y cuerda. Un equipo pequeño consiguió establecer numerosos puntos y conectarlos mediante cuerda para reproducir el trazado.

El experimento no pretende demostrar que los Nasca utilizaran exactamente ese procedimiento. Su valor es otro: demuestra que una sociedad sin aeronaves puede reproducir una figura gigantesca utilizando técnicas de medición relativamente simples.

Por eso, el tamaño de las figuras deja de ser una prueba de intervención extraterrestre.

 

Líneas de Nasca (Imagen Martina Birnbaum)

Investigaciones especializadas describen además el terreno como una superficie arenosa y poco consistente, hasta el punto de que un vehículo pesado puede quedar atascado.

NO ERAN PISTAS DE ATERRIZAJE

La apariencia de algunas figuras geométricas, especialmente los grandes trapecios, alimentó la idea de que las líneas de Nasca eran pistas de aterrizaje para naves extraterrestres. Erich von Däniken convirtió esa interpretación en una de las imágenes más populares de su teoría de los antiguos astronautas.

Pero la evidencia arqueológica y geográfica plantea un problema fundamental: las líneas no fueron construidas como superficies de aterrizaje.

Los geoglifos se realizaron retirando las piedras oscuras que cubrían el desierto para dejar expuesto el terreno más claro situado debajo. En muchos casos, las piedras retiradas quedaron acumuladas en los bordes. No existe evidencia de que las superficies fueran compactadas o acondicionadas para soportar el peso de vehículos.

Investigaciones especializadas describen además el terreno como una superficie arenosa y poco consistente, hasta el punto de que un vehículo pesado puede quedar atascado. Ese comportamiento resulta difícil de conciliar con la interpretación de los geoglifos como pistas destinadas a recibir aeronaves.

Una investigación geográfica japonesa publicada en 2025 aporta, sin embargo, un matiz importante: las zonas donde se concentran los grandes geoglifos fueron escogidas sobre superficies geomorfológicamente estables frente a la erosión. Esa estabilidad explica en buena medida que líneas realizadas hace entre 2.000 y 1.500 años hayan sobrevivido hasta nuestros días.

Pero estabilidad frente a la erosión no equivale a capacidad para soportar el aterrizaje de una nave. El estudio japonés analiza la conservación del relieve durante milenios, no demuestra que el terreno tuviera características de una pista de aterrizaje.

La propia forma de los geoglifos también contradice la interpretación aeroportuaria. Algunas líneas atraviesan el paisaje y otras terminan o cambian de dirección en relación con el relieve. El conjunto incluye, además, figuras de animales, seres humanos y otras representaciones que no pueden explicarse como infraestructura aeronáutica.

La investigación arqueológica apunta en otra dirección. El equipo dirigido por Markus Reindel concluyó que las líneas estaban relacionadas con espacios ceremoniales, y que su trazado podía realizarse mediante métodos sencillos de medición, como varas utilizadas para establecer direcciones.

La evidencia disponible permite, por tanto, separar dos cuestiones que a menudo se confunden: los Nasca eligieron superficies estables para preservar sus geoglifos, pero no existe evidencia de que las acondicionaran como pistas de aterrizaje.

 

Líneas de Nasca con aves (Fotos Universidad de Yamagata)

Las figuras no necesariamente fueron creadas para que alguien las contemplara desde un avión. Podían formar parte de un paisaje ritual experimentado caminando.

EL PAISAJE COMO ESPACIO RITUAL

La investigación de Sakai ha desplazado el debate desde la pregunta «¿quién las vio desde arriba?» hacia otra mucho más arqueológica: ¿qué hacían las personas cuando recorrían esos espacios?

Uno de los descubrimientos relevantes fue la relación entre determinados geoglifos y antiguos caminos.

La Universidad de Yamagata identificó, por ejemplo, una figura de un animal de unos 30 metros y otra representación relacionada con una escena de decapitación. Ambas fueron realizadas con técnicas similares y se encuentran junto a un antiguo camino que conduce hacia Cahuachi, uno de los principales centros ceremoniales de la época.

La interpretación propuesta es que esas figuras estaban asociadas a una ruta de peregrinación hacia el centro ceremonial.

Eso modifica radicalmente la imagen tradicional de Nasca. Las figuras no necesariamente fueron creadas para que alguien las contemplara desde un avión. Podían formar parte de un paisaje ritual experimentado caminando.

El propio Sakai ha señalado que las hipótesis anteriores —astronómica, agrícola, ritual o relacionada con peregrinaciones— no podían evaluarse adecuadamente mientras faltaran datos completos sobre la distribución de los geoglifos.

Precisamente esa información comenzó a cambiar con el proyecto de Yamagata.

CIENTOS DE FIGURAS CAMBIAN EL DEBATE

La utilización de imágenes satelitales, fotografías aéreas, drones e inteligencia artificial permitió localizar geoglifos que no habían sido registrados en las investigaciones anteriores.

En 2019, el equipo de Yamagata y IBM anunció 143 nuevos geoglifos, 142 descubiertos mediante investigación de campo y análisis de imágenes y otro localizado mediante inteligencia artificial. Muchos correspondían a figuras humanas y animales y fueron datados aproximadamente entre 100 a.C. y 300 d.C.

En 2022 se anunciaron otros 168 geoglifos, identificados mediante mediciones aéreas con láser y drones.

En 2025, la investigación asistida por inteligencia artificial permitió identificar otros 248, elevando a 893 el número de geoglifos figurativos registrados en la meseta de Nasca.

Y ese volumen de información está produciendo uno de los cambios más importantes en la interpretación.

Los investigadores observaron que las pequeñas figuras situadas junto a determinados caminos no estaban distribuidas aleatoriamente. Algunas rutas concentran representaciones de decapitaciones y personas sosteniendo cabezas; otras presentan repetidamente aves rapaces; otras, llamas.

Para el equipo de Sakai, esa distribución respalda la posibilidad de que los geoglifos tuvieran contenido narrativo o comunicativo.

El método básico consistía en retirar piedras. Para establecer líneas rectas podían utilizarse puntos de referencia, estacas y cuerdas.

LA TECNOLOGÍA NASCA ERA SUFICIENTE

La cuestión fundamental no es si los Nasca tenían una tecnología comparable a la moderna. Evidentemente, no la tenían.

La cuestión arqueológica es si necesitaban una tecnología extraordinaria para hacer lo que hicieron.

La respuesta disponible hasta ahora es no.

El método básico consistía en retirar piedras. Para establecer líneas rectas podían utilizarse puntos de referencia, estacas y cuerdas. Para ampliar diseños podían emplearse procedimientos geométricos basados en distancias y proporciones.

Un material educativo japonés sobre arqueología experimental presenta precisamente métodos de ampliación mediante cuadrículas, distancias desde un punto central y distancias respecto de una línea central. No afirma que uno de ellos sea el método demostrado de los Nasca, pero ilustra que la geometría necesaria es elemental.

La cuestión sigue abierta respecto de qué procedimiento concreto utilizó cada grupo y en cada época.

Pero esa incertidumbre es muy diferente de decir que no conocemos ninguna explicación humana.

La investigación moderna ha conseguido reducir considerablemente el misterio de cómo podían construirse las líneas, pero no ha resuelto por completo por qué fueron realizadas.

LO QUE SÍ SIGUE SIENDO UN MISTERIO

La investigación moderna ha conseguido reducir considerablemente el misterio de cómo podían construirse las líneas, pero no ha resuelto por completo por qué fueron realizadas.

La propia UNESCO las describe como geoglifos creados mediante la eliminación de la capa superficial de piedras y reconoce su posible relación con funciones rituales y astronómicas.

Sakai, por su parte, ha señalado las limitaciones de las explicaciones únicas. La hipótesis astronómica no explica todas las líneas porque solo una parte presenta correspondencias con fenómenos celestes; la hipótesis agrícola tampoco explica satisfactoriamente todas las figuras.

La investigación actual apunta, por tanto, a múltiples funciones y diferentes momentos de construcción, no necesariamente a una única finalidad.

Y aquí aparece la diferencia esencial entre la teoría extraterrestre y la investigación arqueológica.

La primera convierte la dificultad de explicar una obra monumental en una supuesta prueba de una civilización superior.

La segunda parte de las huellas que dejaron sus constructores: piedras retiradas, estacas, caminos, cerámica, técnicas de trazado, iconografía, distribución espacial y restos de actividad humana.

Hasta ahora, esas evidencias conducen hacia los propios habitantes de los Andes.

No demuestran que sepamos todo sobre Nasca. Demuestran algo más importante: el tamaño y la precisión de las líneas no constituyen, por sí mismos, evidencia de intervención extraterrestre. (RI/AG/International Press)


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