Un equipo de investigadores de la Universidad de Tokio identificó el mecanismo cerebral que genera el rechazo hacia un individuo logró eliminar esa emoción en ratones al debilitar las conexiones entre determinadas neuronas mediante una técnica de optogenética. El hallazgo podría contribuir al desarrollo de nuevos tratamientos para trastornos como la depresión y la ansiedad.
El estudio, dirigido por el profesor Teruhiro Okuyama, fue publicado en la revista científica Science y aporta nuevas evidencias sobre cómo el cerebro asocia los recuerdos de una persona con emociones como el rechazo.
CÓMO NACE EL RECHAZO
El equipo ya había demostrado en investigaciones anteriores que el hipocampo (kaiba) almacena la memoria de individuos específicos.
Sin embargo, hasta ahora se desconocía cómo el cerebro añadía una carga emocional a esos recuerdos y transformaba la percepción de una persona en sentimientos de agrado o rechazo.
Para resolver esa incógnita, los científicos criaron juntos a varios ratones hasta que desarrollaron vínculos sociales. Posteriormente aumentaron la agresividad de uno de ellos, que comenzó a atacar a otro miembro del grupo.
Tras las agresiones, el ratón atacado empezó a evitar sistemáticamente al agresor, señal de que había desarrollado una emoción de rechazo hacia ese individuo.
CIRCUITO IDENTIFICADO
Mediante técnicas de ingeniería genética y optogenética, los investigadores analizaron la actividad neuronal durante ese proceso.
Descubrieron que el cambio emocional depende de un circuito formado por el hipocampo (kaiba), la amígdala cerebral (hentōtai) y el núcleo accumbens (sokuzakaku).
El estudio reveló que el hipocampo reconoce e identifica al individuo, mientras que la amígdala asigna el componente emocional negativo. A su vez, la conexión entre la amígdala y el núcleo accumbens desencadena la conducta de evitación hacia esa persona.
EMOCIÓN REVERSIBLE
Los investigadores utilizaron la optogenética para debilitar artificialmente las conexiones neuronales entre esas regiones cerebrales.
Como resultado, los ratones dejaron de evitar al agresor y volvieron a acercarse para interactuar con él, lo que indica que la emoción de rechazo desapareció tras modificar el circuito neuronal.
Según Okuyama, los resultados demuestran que el cerebro primero reconoce a una persona y luego incorpora la emoción asociada a esa experiencia.
El investigador explicó que diversos estudios han mostrado una elevada actividad de la amígdala y del núcleo accumbens en pacientes con depresión y otros trastornos emocionales.
«Ahora podemos empezar a comprender científicamente dónde está la frontera entre desarrollar rechazo hacia quien nos agrede o evolucionar hacia un estado depresivo», afirmó.
PRÓXIMO OBJETIVO
El equipo precisó que esta investigación se centró únicamente en el mecanismo del rechazo y no en el de las emociones positivas.
Los próximos estudios buscarán identificar los circuitos cerebrales responsables del afecto y el apego, con el propósito de profundizar en la comprensión de fenómenos como el enamoramiento, las relaciones interpersonales y otros procesos emocionales complejos.
Los investigadores consideran que estos hallazgos podrían abrir nuevas vías para desarrollar tratamientos dirigidos a trastornos psiquiátricos relacionados con el procesamiento de las emociones.
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