Esta mañana, mientras salía para el trabajo, vi una escena que probablemente muchos habrán visto alguna vez en Japón durante esta época del año: grupos de niños caminando rumbo a la piscina pública con sus flotadores bajo el brazo, sus gorros de natación y enormes bolsas que parecen pesar casi tanto como ellos.
Fue una imagen sencilla, pero suficiente para pensar que, más allá de lo que diga el calendario, el verano japonés ya había comenzado oficialmente.
Porque una cosa es saber que estamos en julio y otra muy distinta es encontrarse con las señales que anuncian la llegada de las vacaciones escolares. Los niños que salen temprano de casa para reunirse con sus amigos, las piscinas llenas de actividad desde la mañana y el inconfundible canto de las cigarras que resuena desde los árboles forman parte de una postal que se repite cada año y que anuncia que el verano ya está aquí.
La curiosidad me llevó entonces a investigar desde cuándo existen las vacaciones de verano en Japón.
La primera referencia oficial aparece en un documento de 1881, durante la era Meiji. Su nombre es Shogakko Kyosoku Koryo, un reglamento que establecía las normas de funcionamiento de las escuelas primarias. Entre sus disposiciones se indicaba que habría clases todos los días, excepto los domingos, los días festivos y los períodos de vacaciones de verano e invierno.
Gracias a ese registro sabemos que las vacaciones de verano forman parte de la educación japonesa desde hace más de 140 años.
Sin embargo, existe un detalle llamativo: nadie sabe con absoluta certeza por qué comenzaron. Algunas teorías sostienen que se establecieron para evitar las clases durante los días más calurosos del año. Otras apuntan a que permitían que los niños ayudaran a sus familias en las labores agrícolas. También hay quienes creen que Japón adoptó una costumbre que ya se aplicaba en algunos países occidentales.
Lo cierto es que no se ha encontrado un documento oficial de la época que explique claramente el motivo.
Con el paso de los años, las vacaciones de verano se transformaron en uno de los períodos más esperados por los estudiantes. Son semanas asociadas a las piscinas, los festivales tradicionales, los fuegos artificiales, los viajes familiares y los encuentros con amigos. Aunque, para ser justos, también están inevitablemente ligadas a las famosas tareas de verano que acompañan a generaciones enteras de escolares.
Tal vez por eso resulta tan fácil identificarse con esos niños que hoy caminan felices hacia la piscina. Las costumbres cambian, las ciudades evolucionan y la tecnología transforma la vida cotidiana, pero la emoción de comenzar las vacaciones parece mantenerse intacta.
Y quizás ahí reside el verdadero encanto del verano japonés. No solo en los grandes festivales o en los espectaculares fuegos artificiales que iluminan el cielo, sino también en esos pequeños momentos cotidianos: el canto constante de las cigarras durante las horas más calurosas del día, los niños que caminan hacia la piscina con sus flotadores, los helados que se derriten demasiado rápido y la expectativa de unas semanas diferentes a las del resto del año.
Han cambiado muchas cosas desde 1881, pero la emoción de los primeros días de vacaciones parece seguir siendo exactamente la misma, generación tras generación. (Nancy Matsuda)
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