Fukuoka: Madre que mató a sus hijas ocultó a esposo abusador en el refugio

Mujer detenida por asesinar a sus hijas en refugio para víctimas de VD

Un caso de asesinato en Fukuoka ha revelado una falla sistémica sin precedentes en la seguridad de los centros de bienestar social. La policía detuvo a una mujer de 30 años por la muerte de sus hijas de 4 y 3 años en un refugio de apoyo para víctimas de violencia doméstica. Sin embargo, la investigación ha destapado un hecho insólito: el hombre del que supuestamente huía por agresiones vivió escondido con ellas en la habitación del centro durante tres años.

La sospechosa ingresó al centro de la ciudad de Kama, en Fukuoka, en septiembre de 2022, alegando que necesitaba protección frente a los abusos de su pareja de hecho. A pesar de que estas instituciones están diseñadas exclusivamente para mujeres y niños, y cuentan con vigilancia las 24 horas y cámaras de seguridad, el hombre de 33 años logró infiltrarse en abril de 2023. Según las autoridades, la madre utilizó un teléfono móvil oculto para guiar al sujeto a través de los puntos ciegos de las cámaras de seguridad.


Una vez instalado, el hombre mantuvo un estilo de vida de reclusión absoluta para evitar ser detectado por el personal del centro. Durante las inspecciones mensuales obligatorias, se escondía dentro de los armarios empotrados. En las horas en que la madre y las niñas estaban fuera, permanecía a oscuras y evitaba incluso tirar de la cadena del inodoro para no generar ruidos sospechosos. Durante los tres años de convivencia ilegal, solo salió de la habitación una vez.

LA PSICOLOGÍA DE LA SERVIDUMBRE

La relación entre ambos ha sido descrita por los investigadores como un vínculo de «amo y siervo». A pesar de estar desempleado y depender económicamente del salario a tiempo parcial de la mujer, el hombre ejercía un control psicológico férreo, criticando constantemente su actitud y habilidades parentales. Esta situación creó un entorno de aislamiento extremo donde la mujer no podía acudir a nadie por temor a ser descubierta y expulsada del refugio.


El detonante del crimen ocurrió el pasado 10 de marzo. Tras una discusión, el hombre le dijo que la «odiaba». Según la confesión de la madre tras su arresto, estas palabras destruyeron su estabilidad mental. «He hecho todo por él, ¿para qué sirvió? Quise morir», declaró a la policía.

Poco después de este altercado, el personal del centro encontró a la madre con heridas autoinfligidas junto a los cuerpos sin vida de su primogénita y su segunda hija de tres años.

DILEMA ENTRE PRIVACIDAD Y VIGILANCIA


Este trágico suceso ha puesto en jaque la gestión de los 3.266 personas que residen en estos centros en todo Japón. El Ministerio de Infancia y Familia ha calificado el evento como «extremadamente lamentable» y ha solicitado una verificación por parte de terceros.

No obstante, las autoridades de otros refugios advierten que es extremadamente difícil detectar a un intruso si existe una intención deliberada de ocultarlo, ya que el respeto a la privacidad de las residentes impide que el personal realice registros exhaustivos de muebles o armarios sin un motivo de peso. (RI/AG/IP/)


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