Pearl Harbor: sobrino de un “dios de la guerra” recuerda la “locura” del Japón militarista

Naoji Iwasa murió en el ataque a Pearl Harbor.

Naoji Iwasa murió a los 26 años durante el ataque de Japón a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941.

Fue uno de los nueve marinos que iban a bordo de dos pequeños submarinos de la Armada Imperial Japonesa que murieron ese día.

Los nueve fueron elevados a los altares como “dioses de la guerra” por haber sacrificado sus vidas por su país.

82 años después, su sobrino Naomasa recuerda en declaraciones a Asahi Shimbun cómo la nacionalista sociedad japonesa de entonces los glorificó.

En el caso de su tío, tras su muerte fue ascendido dos rangos, de teniente a comandante, y los periódicos y la radio lo cubrieron de elogios. Incluso se escribieron canciones y se hicieron películas sobre Naoji.

En un templo de la ciudad donde vivía, Maebashi, en la prefectura de Gunma, se construyó su tumba.

Naomasa, entonces un niño, se sentía orgulloso de su tío y decía que se uniría a la Armada Imperial Japonesa, un sentimiento de fervor nacionalista compartido por otros niños, fruto de la eficaz propaganda militarista nipona.

Aún recuerda el día de 1942 en que un automóvil negro se detuvo frente a una granja de su familia en Maebashi.

Tenía seis años y vio a varios oficiales con uniformes militares, entre ellos el ministro de la Armada Imperial Japonesa, Shigetaro Shimada, entrando a la casa de los padres de Naoji para avisarles de la muerte de su hijo.

La deificación de los “dioses de la guerra” acabó con la derrota de Japón en la guerra.

El número de visitantes de la tumba de Naoji disminuyó e incluso algunos residentes criticaron su presencia por haber convertido a la ciudad en posible objetivo de los ataques aéreos aliados.

Del orgullo por el tío héroe, Naomasa pasó a la incomodidad y luego, con el paso de los años, a la lucidez.

“Fue una locura”, dice en referencia a los tiempos de guerra, donde se consideraba normal sacrificar la vida por el país y se glorificaba a los muertos.

“Ahora sé que fue un error, pero fue difícil reconocerlo en ese momento”, añade.

Ese pasado tiene ecos en el presente. Cada vez que Naomasa, de 87 años, escucha noticias sobre la guerra en Ucrania o entre Israel y Hamas, recuerda cómo era la sociedad japonesa durante la II Guerra Mundial y el fanatismo patriótico que la caracterizaba.

“Deseo un mundo que nunca más glorifique a los dioses de la guerra”, concluye. (International Press)

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