Médico japonés: testigo del drama de los extranjeros, pero también de finales felices

Junpei Yamamura (foto archivo personal)

Junpei Yamamura es un médico de 68 años que dirige una clínica en Yokohama.

El japonés ofrece ayuda médica a los extranjeros que permanecen de manera ilegal en Japón.

El médico visita los centros de inmigración donde están detenidos e incluso viaja a países como Filipinas y Vietnam para averiguar qué fue de las vidas de aquellos que fueron deportados.

Toda su experiencia está recogida en el libro “El centro de detención de extranjeros y el corazón de sus tinieblas”, informa Asahi Shimbun.

Yamamura relata casos como el de un esrilanqués expulsado de Japón que fue encarcelado en su país, un niño vietnamita de cinco años separado de sus padres tras la deportación de estos y la muerte de un ghanés durante su proceso de expulsión.

“Quiero que la gente conozca los problemas estructurales de la sociedad japonesa”, declara a Asahi.

“Quiero que la gente entienda cómo es ser deportado, escuche lo que los deportados tienen que decir y sepa sobre sus condiciones reales”, enfatiza.

Y lo real, entre otras cosas, es que 26 extranjeros murieron mientras estaban detenidos en Japón entre 1993 y 2022 (una de esas personas fue Wishma Sandamali, una mujer de Sri Lanka de 33 años que murió en un centro de inmigración en 2021).

Yamamura advierte de que en muchos casos los trabajadores de inmigración creen que los detenidos fingen estar enfermos y no atienden sus quejas, con lo cual mueren o su situación empeora.

No todo es, por suerte, desgracia. También hay historias con final feliz.

En abril, el médico japonés vivió una grata experiencia en el parque Hibiya, situado en Tokio.

Un grupo de birmanos realizaba un festival y él estaba en una cabina dando consejos médicos gratuitos a los asistentes.

De pronto una mujer birmana se le acercó y sonriendo le dijo: “Gracias por ayudarme esa vez”.

Hace unos 20 años, la birmana estaba detenida en un centro de inmigración en la prefectura de Ibaraki y Yamamura la atendió.

La mujer no solo está libre ahora; consiguió una visa de residente y puede trabajar en Japón sin miedo a la deportación.

Yamamura retribuyó el agradecimiento de la birmana con una sonrisa. “Te ves bien. Estoy feliz por ti”, le dijo. (International Press)

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