Tsunami de 2011: adolescente que perdió a sus padres agradece a su abuela por cuidarlo

Abuela y nieto (Fuji TV)

 

Haruto Oikawa, un adolescente de 17 años que vive en la ciudad de Rikuzentakata, prefectura de Iwate, perdió a sus padres por el tsunami del 11 de marzo de 2011.

Una tragedia inabarcable que el amor y los cuidados de su abuela han hecho menos dura.

Haruto y su hermano, tres años mayor que él, quedaron bajo la protección de sus abuelos maternos en una vivienda pública para víctimas del desastre.

En 2013, el abuelo murió. Luego, el hermano de Haruto dejó la casa familiar para seguir estudios superiores.

Quedaron el chico y su abuela, Iyoko Murakami.

Haruto acaba de graduarse de la preparatoria y la primera persona a la que mostró su certificado de graduación fue Iyoko, revela Mainichi Shimbun.

“Es prácticamente mi madre”, comenta sobre la mujer que lo crio tras perder a sus papás. “Gracias por cuidarme”, añade el chico, quien pronto abandonará el nido familiar para estudiar prevención de desastres y desarrollo comunitario en la Universidad de Sendai

“El tiempo que hemos podido pasar juntos ha sido precioso para mí”, dice la abuela, quien a su vez agradece a su nieto por haber crecido como una persona responsable y seria.

Iyoko, de 78 años, se quedará sola, pero está contenta con sus nietos, quienes “abrirán nuevos caminos y posibilidades para sus vidas”.

El 11 de marzo de 2011, Haruto, entonces un estudiante de primer grado de primaria, y sus compañeros de clase se salvaron del tsunami gracias a que fueron evacuados a un terreno elevado.

El niño creía que sus padres volverían a casa, pero en tercer grado comprendió que eso no ocurriría.

Entre los recuerdos que conserva de sus papás figuran las visitas que hacía la familia a la playa de Takatamatsubara, que el adolescente quiere mucho.

Asimismo, recuerda que sus padres participaban en el festival de Tanabata en agosto. En cada temporada de esta festividad japonesa, visita sus tumbas.

La carrera que Haruto piensa estudiar obedece a su deseo de hacer algo por su ciudad, cuya desoladora situación lo entristece.

Iyoko puede estar orgullosa de haber criado a un buen chico, un adolescente que quiere contribuir al desarrollo de su comunidad. (International Press)

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