Extranjeros le dan vida al decaído Japón rural: niños, mano de obra e impuestos

La empresa Sunshow ayuda a los extranjeros a encontrar casa (foto sunshow.jp)

La escuela primaria Keiwa, en la prefectura de Mie, tiene 250 estudiantes. Casi la mitad de ellos tiene al menos un padre extranjero. Hay hablantes de hasta nueve idiomas, entre ellos tagalo, portugués, español, tailandés e indonesio.




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Todo esto hace del colegio “un microcosmos de la nueva diversidad del Japón rural”, según el diario Nikkei, que destaca la creciente presencia de extranjeros en las zonas rurales del país asiático.

El aumento de la inmigración ha revitalizado a municipios pequeños que estaban desesperados por mano de obra e ingresos fiscales, dice el medio nipón.

La misma escuela es un buen ejemplo de ello. Hubo un tiempo en que el número de alumnos disminuyó a solo una séptima parte de su pico. Pero gracias, en parte, a una subida en el número de residentes extranjeros que trabajan en la cercana área industrial de Chukyo, sus aulas vuelven a bullir de energía infantil.

Uno de sus estudiantes, Kevin Sahayan, un niño filipino de 12 años, dice que comenzó a aprender japonés cuando se inscribió en tercer grado tras su llegada a Japón. “Ahora que aprendí japonés, tengo más amigos y me divierto jugando fútbol después de la escuela”.

Una niña le pide al reportero de Nikkei qué adivine cuál es su nacionalidad. “Seguramente no lo adivinarás, así que te lo diré. Soy mitad filipina y mitad japonesa”. Se llama Ai Maruyama. Preguntada si se siente “diferente”, responde: “No, para nada”.

Los extranjeros tienden a ir a lugares donde sus hijos puedan recibir una mejor educación, explica Nikkei, que pone como ejemplo de ello a la escuela Keiwa.

La prefectura de Mie está ganando reputación por apoyar a los estudiantes hijos de padres extranjeros. “Mieko san no Nihongo “, un libro de texto para la enseñanza de japonés desarrollado por la Fundación de Intercambio Internacional de Mie, ha demostrado ser muy útil y ahora se usa en las escuelas de primaria y secundaria en todo el país.

En la prefectura de Gifu, la empresa inmobiliaria Sunshow lleva cinco años ayudando a residentes extranjeros a comprar casas. En la entrada de su oficina tiene pegado un cartel en portugués. El 20 % de sus clientes son extranjeros.

Sunshow comenzó a atender a extranjeros, principalmente de América Latina, a medida que más y más gente llegaba a trabajar a una planta subsidiaria de Sony en la ciudad de Minokamo.

“Hace cinco años, si un latinoamericano trataba de establecerse en un barrio, muchos residentes protestaban”, dice Toshiyuki Shiraki, que trabaja para Sunshow. En algunos casos, la hostilidad en un vecindario se mantenía incluso después de que trabajadores extranjeros se mudaban a él. Un punto importante de discordia fue algo aparentemente menor: algunos extranjeros no separaban la basura de acuerdo con las reglas.

Sin embargo, las tensiones parecen haber disminuido en gran medida gracias a un mayor esfuerzo por explicar las costumbres locales, afirma Shiraki. Ahora, los residentes japoneses parecen menos reacios a compartir sus vecindarios.

Varias comunidades en Japón han tomado nota de cómo los extranjeros ofrecen mano de obra vital para las empresas y más ingresos fiscales para los gobiernos locales. Por ello, algunas buscan atraer inmigrantes.

El número de residentes extranjeros en Japón ha aumentado a 2,47 millones. Aunque representan sólo alrededor del 2 % de la población de Japón, en ciertos lugares la proporción es un poco más alta. Excede el 5 % en 31 municipios. La ciudad de Oizumi, en la prefectura de Gunma, alcanza la mayor proporción: 17 %. (International Press)

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