Muhammad Ali (1942-2016), mucho más que un mito del deporte mundial

Ali y Los Beatles

 


Como Kennedy, Marilyn, Elvis o Los Beatles, fue símbolo de una época

Ali y Los Beatles
Ali y Los Beatles

El tres veces campeón del mundo de boxeo Muhammad Ali, que falleció el viernes en un hospital de Phoenix a los 74 años, era algo más que una leyenda del deporte mundial por su compromiso político y social.

Su imagen, como la de John F. Kennedy, Marilyn Monroe, Elvis Presley o Los Beatles, estará por siempre asociada a la de una época: los años sesenta y setenta.

Ali, conocido también por Cassius Clay en los inicios de su carrera, fue tres veces campeón del mundo de los pesos pesados y campeón olímpico de los semipesados en 1960. Disputó 61 combates como profesional, con 56 victorias y 5 derrotas.

Clay nació en Louisville, Kentucky, Estados Unidos, el 17 de enero de 1942.

Según sus biógrafos, su llegada al boxeo se produjo cuando tenía 12 años, cuando entró de la mano de un policía y entrenador aficionado, Joe Martin, en un gimnasio poco después de que le robaran la bicicleta.

Hasta 1959 había conseguido en el campo aficionado numerosas victorias; entre ellas, seis Guantes de Oro de Kentucky, dos guantes nacionales en Nueva York, y dos campeonatos norteamericanos.

No tenía más que 18 años cuando en los Juegos Olímpicos de Roma ganó la medalla de oro de los semipesados y decidió su paso al profesionalismo. En aquellos tiempos, el boxeo estaba, en parte, tutelado por la mafia y liderado por los boxeadores Floyd Patterson y Sonny Liston.

El 25 de febrero de 1964 ganó el título mundial de los pesos pesados, después de un combate frente a Liston en el que hizo alarde de sus dos mejores virtudes pugilísticas, un rítmico juego de piernas y un golpe demoledor.

Ese año cobró aún mayor notoriedad al anunciar su conversión al Islam y el abandono de su nombre originar por el de Muhammad Ali. El púgil militaba en el movimiento Nación del Islam de Malcolm X, que proponía la liberación de los guetos negros y el fin de la segregación. Estados Unidos se sintió fascinado ante este campeón rebelde que acumulaba títulos sin cesar.

Los dos años siguientes continuó tumbando rivales. Noqueó a Patterson, a Chuvalo, a Cooper, Brian London, a Mildenberger, a Williams y a Jerry Quarry, el orgullo de la América blanca, en el Madison Square Garden de Nueva York.

En 1967 hizo un nuevo gesto espectacular. Se negó a incorporarse al Ejército y marchar a la guerra de Vietnam. Le condenaron a cinco años por insumisión, fue suspendido tres años y le despojaron de su título.

El 26 de octubre de 1970 regresó victorioso al cuadrilátero, venciendo a Jerry Quarry, y nuevamente se dispuso a alcanzar la cima.

Cuando su carrera pareció sucumbir con dos señaladas derrotas, contra Joe Frazier, el 8 de marzo de 1971, y Ken Norton 31 de marzo de 1973, aceptó un combate ante George Foreman en Kinshasa, Zaire, el 30 de octubre de 1974. La pelea fue seguida en todo el mundo, fue tema de una película años después -“Cuando fuimos reyes”- y convirtió en mitos a ambos púgiles: Foreman y Ali, quien reconquistó el título mundial.

Desde octubre de 1974 a febrero de 1976 puso cinco veces en juego su corona y sucesivamente derrotó a Chuck Wepner, Ron Lyle, Joe Burgner, Joe Frazier y Jean Pierre Coopman.

Pero perdió el título el 15 de febrero de 1978 ante Leo Spinks. La negativa de éste a enfrentarse al aspirante oficial, Ken Norton, le permitió luchar de nuevo por el cetro mundial y el 15 de septiembre lo reconquistó por tercera vez ante Spinks, en el Superdome de Nueva Orleans. Poco después anunció su retirada.

A lo largo de su carrera se enfrentó a los más grandes del cuadrilátero, a Patterson, Chuvalo, Cooper, London, Williams, Terrell, Folley y Foreman.

Ali ganó más dinero que todos los pesos pesados anteriores juntos. En quince peleas que disputó entre 1971 y 1978 se embolsó, por ejemplo, más de 43 millones de dólares.

Y como llegó, así se fue el dinero. Generosas contribuciones, fiestas legendarias, caprichos por doquier o negocios ruinosos fueron el final de parte de su fortuna.

Excepcionalmente, el 2 de octubre de 1980 volvió al ring para enfrentarse a Larry Holmes por el título del Consejo Mundial de Boxeo, un combate que perdió por abandono en el décimo asalto.

Colgó los guantes definitivamente después de perder el 11 de diciembre de 1981 un combate a 10 asaltos contra Trevor Berbick, en Nassau (Bahamas).

Ali podía boxear en cualquier parte del mundo, todos lo querían ver, hasta los presidentes africanos, y el promotor Don King cobró más de 10 millones de dólares cuando llevó la pelea de los pesos pesados entre el campeón George Foreman y el retador Ali, el 30 de octubre de 1974, en Kinshasa, con Mobutu de espectador especial.

Fue la mayor bolsa de la historia hasta aquel entonces. Llevar a 100.000 mil aficionados al estadio de fútbol para ver el combate, fue la prueba inequívoca que Ali era el más grande.

Ali sabía cómo cautivar y atraer al gran público, además de generar siempre el enfrentamiento con el blanco opresor, como demostró al cambiarse el nombre de nacimiento de Cassius Marcellus Clay –porque era nombre de esclavo– y siempre defendía que representaba al pueblo, al pueblo negro.

Frente a Foreman, a pesar de que sabía que estaba abajo en las apuestas, 1-4, Ali declaró en rueda de prensa en Zaire de manera tajante: “Yo soy un sabio del boxeo, un científico del boxeo. Esa es una realidad científicamente demostrada. Allá ustedes si olvidan, por su cuenta y riesgo, que soy maestro del baile, un gran artista”.

La “Batalla de la jungla” no vio al Ali de siempre, sino todo lo contrario, recostado en las cuerdas esperó y allí fue donde destrozó a Foreman, al que noqueó en el octavo asalto y conquistó por segunda vez el cinturón.

Ali elevó, aún más, su nombre. Y se convirtió, tras ganar un tercer campeonato en 1978, en el Deportista del siglo XX.

King fue el que mejor supo explotar la figura de Ali, al percatarse del atleta que desde 1960, luego de ganar la medalla de oro del peso semipesado en los Juegos Olímpicos de Roma, era la figura más importante de Estados Unidos y del mundo, dentro y fuera del cuadrilátero.

El muchacho que comenzó a boxear a los 12 años, bajo la supervisión del policía Joe Martin en Louisville, luego lanzó la medalla olímpica al río Ohio porque no lo quisieron atender en un restaurante por discriminación racial.

Más tarde también fue el joven que retó al rudo campeón mundial Liston, al verlo con el cinturón, con un par de preguntas: “¿Para qué quieres eso? ¿Para sujetarte los pantalones?”. Y al destronarlo en 1964, a los 22 años, pregonó ser “‘el mejor boxeador de la historia”, promocionó los combates como ninguno, anticipando y acertando sobre el asalto en que caerían los rivales, mostrando en acción cualidades difíciles de igualar por peleador de 200 o más libras: agilidad, finura, inteligencia y fuerza, simplemente excepcional.

El campeón que en pleno esplendor, cuando ‘flotaba como mariposa y picaba como abeja’, en 1967, fue despojado por negarse a prestar el servicio militar e ir a la guerra del Vietnam, lo cual dividió a Estados Unidos y el mundo.

Quienes lo apoyaban y seguían sus charlas en universidades de la nación (no podía salir del país, al serle retirado el pasaporte) con el discurso de la paz y quienes lo consideraban antipatriota por no defender la bandera estadounidense en el conflicto armado.

El hombre que aun así atraía a uno como a otro bando, porque regresó, al ganar la lucha judicial, y triunfó de nuevo sobre el cuadrilátero, aunque encajando golpes que antes no le daban, luego de inactividad de tres años, siete meses y cuatro días, en 1970. Y obtuvo la oportunidad mundial el 8 de marzo de 1971, ante Joe Frazier, en el Madison Square Garden, de Nueva York, en “El combate del Siglo”.

Aunque perdió por puntos, luego de caer en el decimoquinto y último asalto al recibir el gancho de izquierda más famoso del universo, fue capaz de lograr por dos horas detener la guerra del Vietnam, cuando los soldados abandonaron las armas y se sentaron frente al televisor a ver a ‘El bocazas’, como lo llamaban de manera despectiva sus detractores, entre ellos familiares y amigos de esos soldados.

Ali, convertido en musulmán, luchando más fuerte fuera del ring que dentro por la desigualdad social, aseguró: “Tomé la decisión de ser un negro de los que no se dejan atrapar por los blancos”.

Al final Ali lo que consiguió fue que todos, blancos y negros, lo aceptasen como una leyenda única dentro del mundo del deporte y sobre todo dentro de la sociedad estadounidense al ganar la batalla de la igualdad de derechos para todos sin importar el color de la piel, ni su creencia ni religión.

SU LUCHA CONTRA EL PARKINSON

El 9 de septiembre de 1984, se le diagnosticó que padecía Parkinson, una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, que, según el director de la Clínica de Enfermedades Motrices de la Universidad de Columbia, doctor Stanley Fanh, tenía como causa inmediata el boxeo.

Desde entonces luchó contra la progresión del mal. Su imagen se ha hecho si acaso más célebre entre el público en este tiempo. Todavía se recuerda su emotiva presentación en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Atlanta donde no sólo mostró las huellas que el Parkinson estaba dejando en su cuerpo, sino que, entre aplausos y vítores, reclamó su momento en la historia del deporte.

Cuando abandonó el boxeo continuó con su labor en defensa de los valores del Islam y de los musulmanes. En noviembre de 2002 visitó Afganistán como “Mensajero de la paz” de las Naciones Unidas.

En noviembre de 1999 asistió en Viena a la entrega de uno de los premios que le reconocían como uno de los mejores deportistas del siglo XX, tras ser elegido por un jurado internacional. Pese su abnegada voluntad, era evidente su avanzado deterioro físico.

Al mes siguiente, la revista norteamericana especializada “Sports Illustrated” le entregó el galardón de “campeón más grande del siglo”.

En los primeros días de diciembre de 2001 volvió a Atlanta para recoger la llama olímpica desde Grecia y prenderla para el inicio del camino hasta la ciudad de Salt Lake City, sede de los Juegos de Invierno en febrero siguiente.

A comienzos de 2002 recibió en Los Ángeles la estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y pidió que no la pusiesen en el suelo sino en la pared.

Dos años después, recibió el Premio Jalil Gibran del Instituto Árabe-Americano (2004), por su obra en favor del mundo en desarrollo. En marzo de 2005 se anunció que en diciembre recibiría en Berlín la Medalla por la Paz Otto Hahn.

A finales de octubre de 2005 su hija Laila dijo que su padre seguía perdiendo la batalla contra el Parkinson y que en los últimos tiempos el mal había progresado notoriamente.

El 9 de noviembre de 2005 recibió de manos de George Bush la Medalla de la Presidencial de la Libertad y el 21 de ese mes inauguró en su ciudad natal un Centro que lleva su nombre para promover sus ideales humanitarios y culturales.

En junio de 2012 el Consejo Mundial de Boxeo anunció que en su convención de diciembre sería nombrado “Rey del Boxeo Mundial”, en Cancún (México), y se le impondrá una corona de 2 kilos de peso bañada en oro de 24 kilates.

Otro reconocimiento de ese año fue el ser portador por unos momentos de la bandera olímpica durante la ceremonia de inauguración de los Juegos de Londres, el 27 de julio.

Su vida fue llevada al cine en 2001 por Will Smith en la película Ali, dirigida por Michael Mann.

El 20 de diciembre de 2014 fue hospitalizado por una leve neumonía.

Ha estado casado en cuatro ocasiones, la última con Lonnie, y tenido 8 hijos, además de adoptar a otro. Laila Ali, la menor de sus hijos, se dedicó al boxeo como profesional (1999-2007) y en 2002 se hizo con la triple corona mundial de los supermedios (IBA, IWBF y WIBA). (EFE)

 



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