Central nuclear de Japón se prepara en caso de ataque terrorista

Planta nuclear de Sendai (foto Kyushu Electric Power)

Planta de Sendai es la única operativa en el país


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Planta nuclear de Sendai (foto Kyushu Electric Power)
Planta nuclear de Sendai (foto Kyushu Electric Power)

La operadora de la central nuclear de Sendai, la única actualmente operativa en Japón, será la primera en construir una segunda sala de control de los reactores que permitirá operarlos en caso de un ataque terrorista.

Kyushu Electric Power acaba de presentar la documentación requerida para solicitar los permisos de construcción a la Autoridad de Regulación Nuclear (NRA) de Japón, según informó hoy la cadena pública NHK.

La sala secundaria ayudará a los técnicos a mantener el control de la unidad de fisión si la habitación de control principal es inutilizada en un caso de ataque terrorista.

Dentro de la nueva normativa de seguridad más estricta aprobada en 2013 por la NRA a raíz del accidente en la planta de Fukushima en 2011, se exige a las operadoras de las centrales la construcción de estas salas, las cuales deben de estar situadas al menos a 100 metros de distancia del reactor.

Del mismo modo, la normativa también exige la construcción de una unidad de refrigeración adicional alejada del reactor para casos de emergencia.

Kyushu Electric Power ha detallado que pretende construir la sala de control secundario dentro de las instalaciones que albergarán el sistema de enfriamiento alternativo.

Por su parte, la NRA ha exigido a la eléctrica que complete estas instalaciones para 2020 a más tardar.

La central nuclear de Sendai, en el suroeste del país, se convirtió el pasado agosto en la primera en ser reactivada en Japón tras un apagón nuclear que duró prácticamente dos años a raíz del accidente de Fukushima.

Es también la primera que opera con los nuevos patrones de seguridad aprobados tras el desastre provocado por el terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011.

El accidente de Fukushima ha sido el peor desde el de Chernóbil (Ucrania) en 1986, y sus vertidos y emisiones radiactivas aún mantienen desplazadas a unas 110.000 personas que vivían en torno a la central y han afectado gravemente a la agricultura, la ganadería y la pesca local. (EFE)


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