Anciano en Japón busca trabajo para pagar millonaria deuda de hijo que desapareció

Tiene su propio negocio, pero aún debe 20 millones de yenes


Tiene más de 70 años, goza de buena salud y tiene su propio negocio. ¿Una plácida y envidiable vejez? Nada más lejos de la realidad. El protagonista de esta historia, identificado como T, le escribe a Yomiuri Shimbun en busca de consejo para su desesperada situación.

Hace ocho años, el segundo hijo de T pidió prestado una enorme cantidad de dinero. Para ayudarlo, el anciano asumió la responsabilidad legal, junto con su vástago, de pagar la deuda. Sin embargo, tres años después, el hijo desapareció. “Hice todo lo que pude para encontrarlo, pero su paradero aún es desconocido”, escribe.

Desde entonces, T y su esposa están pagando poco a poco la deuda.

Sus ahorros se evaporaron y aún les resta por devolver 20 millones de yenes (194.000 dólares).

El anciano, que reside en Kioto, le dedica 12 horas diarias a su negocio, pero últimamente no anda muy bien. Por eso, está buscando otro trabajo, algo que pueda hacer, por ejemplo, entre 9 p m. y 2 a. m. No obstante, debido a su avanzada edad nadie lo emplea.

Como último recurso, T puede declararse en quiebra, según su abogado. Sin embargo, quiere honrar su deuda y no fallarle a la persona que le prestó dinero a su hijo.

El hombre lamenta no tener una vejez asegurada como sus coetáneos y que su vida sea mucho más dura que la de ellos. Sin embargo, mientras la deuda siga en pie no tiene otro camino que seguir remando.

“Estoy preparado para continuar trabajando hasta pagar toda la deuda, pero no puedo encontrar empleo. ¿Qué debería hacer?”, pregunta.

El escritor Taku Mayumura, vía Yomiuri, es realista. “Acerca de su deseo de encontrar un trabajo, me temo que es muy difícil. ¿Tiene energía extra para otra actividad aparte de su propio negocio? ¿Tiene habilidades especiales que atraigan a las empresas?”, pregunta.

Digamos que en el mejor de los escenarios, T consigue trabajo. Aun así, el panorama no es alentador. Mayumura cree que acabaría tan agotado al final de la jornada que podría poner en riesgo su salud. Aquí entonces el anciano tendría que evaluar qué valora más: su sentido de responsabilidad y orgullo o su salud.

Una posibilidad, según el escritor, es que T le pida al acreedor que flexibilice las condiciones del préstamo. Sin embargo, admite, eso no ayudaría a reducir mucho la deuda.

Mayumura propone, como último recurso, que el hombre deponga su orgullo, se disculpe con la persona que le prestó el dinero a su hijo y busque llegar a algún tipo de acuerdo con ella para saldar la deuda. Si bien reconoce que es difícil que el acreedor acepte, no encuentra otra salida a su problema. (ipcdigital)

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