Javier Arévalo: Allá afuera hay un mundo que no conoces

Javier Arévalo

Quizá tener un mundo tan pequeñito sea una opción de vida que él no eligió, ignorar que hay cine, libros, teatro. Que existe otra música distinta a la que ponen en las radios a todo volumen en el mercado…


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Por Javier Arévalo*

Javier Arévalo

El empresario camionero que le compra autos a mi amigo empezó distribuyendo salchichas, ahora tiene una flota de más de 100 camiones. Cuando cumple años reúne a sus amistades en un enorme terreno que usa de estacionamiento. Las cajas de cerveza se apilan por docenas bajo el sol y cuando alguien quiere ir al baño, debe ir detrás de un camión y aliviarse apoyadito en una llanta.

Vive en un local sobre el mercado donde comenzó a amasar su fortuna. Su vida social se reduce a las amistades del mercado, al vendedor de dólares, y a su familia. Sus logros son formidables, trabaja todo el día, cada día de la semana, y a las cuatro o cinco de la tarde se compra sus cervezas a tres por diez soles y comienza a beber con cualquiera de sus amigos comerciantes.

Nunca ha leído un libro de modo que necesita de otros profesionales que le expliquen las cosas, todo el tiempo. Pero no hay muchas cosas que él sienta que necesite saber, ignora todo de política, de historia, de ciencia, de derecho y no lo necesita; él compra a bajo precio, da un servicio a bajo precio y equilibra sus cuentas. Va al banco y deposita o retira. Cada día esa es su vida.

Quizá tener un mundo tan pequeñito sea una opción de vida que él no eligió, ignorar que hay cine, libros, teatro. Que existe otra música distinta a la que ponen en las radios a todo volumen en el mercado y que cada día son las mismas, siempre.

Es una maravilla que haya tanto emergente que con su trabajo ha enriquecido a su familia, y ha procurado trabajo a muchas personas. Sería maravilloso también que la escuela los hubiese formado además para gozar de esa fortuna conectándose con un mundo que es infinito y que solo las artes y las ciencias pueden enseñártelo.

Quizá sus hijos, mejor educados, tengan esa suerte. Ojalá que todo el dinero que hoy se acumula en los bancos peruanos sirva para darle a nuestros hijos un mundo más grande, donde la vida no consista en trabajar y adormecerte borracho por las noches o los sábados porque no conoces otra forma de gozarlo, porque el mundo que conoces te cabe en una sola mano.

*Escritor y periodista peruano.


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