
Trabajadores de Myanmar con residencia de “habilidades específicas” (tokutei ginō) denunciaron haber sufrido golpes, insultos y presunto acoso sexual durante su trabajo en una granja de Kyogoku, Hokkaido.
Seis trabajadores, cuatro mujeres y dos hombres de entre 19 y 30 años, abandonaron la granja con apoyo sindical y denunciaron públicamente las condiciones laborales y de alojamiento que, según sus testimonios, soportaron durante meses.
Los trabajadores solicitaron una investigación a la Oficina Regional de Inmigración de Sapporo y medidas contra la empresa. Un hombre que denuncia haber sufrido graves agresiones presentó ayer, 24 de agosto, una denuncia penal ante la policía de Hokkaido contra los jefes que lo golpearon.
El Sindicato Regional de Sapporo exige además negociaciones colectivas, mejoras en las condiciones laborales, el cese inmediato de las agresiones y disculpas a los trabajadores afectados.
“ME GOLPEABAN CADA DÍA”
Una mujer que comenzó a trabajar en la granja en mayo relató que las agresiones comenzaron prácticamente desde su llegada.
“Me golpearon nada más entrar y me quedé sorprendida. Día tras día, me golpeaban cada vez que trabajaba”, declaró.
La trabajadora explicó que los ataques también se producían durante las labores en los invernaderos de tomates.
“Mientras trabajaba en el invernadero de tomates, me insultaban por errores que yo no había cometido. Me daban golpes en la parte superior del pecho y también me golpeaban en las nalgas”.
Otro trabajador afirmó que vivía permanentemente con miedo a ser castigado.
“No sabía cuándo se iban a enfadar”, relató.
Según su testimonio, las personas a las que los trabajadores identifican como el “sacho” y el “senmu” reaccionaban con una violencia que calificó de anormal.
“No entendíamos qué hacíamos para que se enfadaran. Nos golpeaban con palos, nos perseguían, nos daban puñetazos y patadas y nos apretaban el cuello. Las agresiones ocurrían casi todos los días”.
El hombre también denunció comportamientos hacia las mujeres.
“Con las mujeres tenían tendencia a tocarlas inmediatamente. Las tocaban tanto cuando estaban enfadados como cuando no lo estaban”, narró.
DENUNCIAN MALAS CONDICIONES
Los trabajadores también cuestionaron las condiciones de la residencia proporcionada por la empresa.
Una mujer relató que, cuando fueron recogidos en el aeropuerto, les advirtieron sobre el cuidado de las instalaciones.
“En el coche que vino a recogernos al aeropuerto nos dijeron: ‘Usen el dormitorio con cuidado. Si rompen algo, tendrán que pagarlo’”.
Sin embargo, según su testimonio, uno de los dos baños estaba inutilizado por un atasco y el otro se encontraba tan sucio que tampoco podía utilizarse.
“Nosotros mismos tuvimos que limpiarlo. El frigorífico y la arrocera también estaban llenos de moho y tuvimos que limpiarlos antes de poder utilizarlos”.
La trabajadora añadió que durante más de una semana no tuvieron suministro de gas.
Las habitaciones eran compartidas por dos personas y apenas había espacio para colocar dos futones. Cada trabajador pagaba 20.000 yenes mensuales por el alojamiento.
MÁS DE 30 TRABAJADORES
En la granja trabajaban más de 30 ciudadanos de Myanmar, hombres y mujeres, con el estatus de residencia de habilidades específicas.
Seis trabajadores participaron en la conferencia de prensa celebrada el 21 de agosto en Sapporo. Otros empleados también habrían conseguido abandonar la granja por sus propios medios.
Los grupos de apoyo estiman que todavía podrían permanecer unas 20 personas trabajando en el establecimiento.
El Sindicato Regional de Sapporo conoció las denuncias a través de otra organización de apoyo y consiguió sacar a los seis trabajadores antes de la conferencia de prensa.
Los trabajadores fueron protegidos temporalmente en una iglesia de Sapporo vinculada al sindicato.
El 4 de agosto, el sindicato comunicó la situación a la Oficina Regional de Inmigración de Sapporo y solicitó una investigación y las medidas correspondientes.
Ayer, 24 de agosto, el sindicato presentó ante la comisaría de Kutchan, de la Policía de Hokkaido, una denuncia penal en nombre del trabajador que afirma haber sufrido las agresiones más graves.
El asesor del sindicato regional, Hajime Suzuki, afirmó que era la primera vez que la organización debía abordar un caso de violencia física contra trabajadores.
“Como sindicato, es la primera vez que tenemos que exigir que se detenga la ‘violencia’”, manifestó.
“Normalmente solicitamos negociaciones colectivas por salarios impagados o prácticas laborales injustas, pero es la primera vez que tenemos que exigir que dejen de golpear a los trabajadores”, dijo.
Suzuki añadió: “Si los ciudadanos de Myanmar llegan a odiar a los japoneses por esto, sería comprensible”.
“Sin trabajadores extranjeros, nuestra vida cotidiana no puede funcionar. Si hacemos cosas así, nadie volverá a querer venir a Japón. Proteger sus derechos humanos significa proteger nuestra propia sociedad”, advirtió el sindicalista.
ANTECEDENTES CON PRACTICANTES
Los trabajadores y el sindicato señalan que la gestión efectiva de la granja estaría principalmente en manos de un hombre que ejerce como concejal de Kyōgoku y de sus dos hijos.
Según el sindicato, una empresa agrícola vinculada entonces a ese concejal recibió en marzo de 2022 la cancelación de la certificación de su plan de formación de trabajadores extranjeros.
La medida fue adoptada por la Agencia de Servicios de Inmigración de Japón y el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, después de que se considerara que había vulnerado gravemente los derechos humanos de trabajadores en prácticas.
En principio, una entidad cuya certificación sea cancelada no puede recibir nuevos trabajadores en prácticas durante cinco años.
Sin embargo, según el sindicato, poco después se creó otra empresa agrícola y los trabajadores de Myanmar que ahora denuncian abusos fueron contratados bajo esa nueva entidad.
La nueva empresa también funciona como organización registrada de apoyo, encargada de respaldar a trabajadores extranjeros con el estatus de habilidades específicas.
El sindicato cuestiona si este sistema puede funcionar adecuadamente cuando los trabajadores denuncian abusos precisamente en su lugar de trabajo.
EXIGEN RESPUESTAS A LA EMPRESA
Antes de la conferencia de prensa del pasado viernes, el sindicato entregó a la empresa agrícola un documento formal de demandas.
Entre ellas figuran el cese inmediato de las conductas denunciadas, incluidas las agresiones, disculpas a los trabajadores afectados y el pago de cualquier salario pendiente.
El sindicato también exigió que la empresa participe en negociaciones colectivas y solicitó una respuesta antes del 28 de agosto.
Durante la conferencia de prensa, uno de los trabajadores recordó las expectativas que tenía antes de abandonar Myanmar.
“Antes de salir de Myanmar estaba lleno de esperanza. Les dije a mi familia: ‘Japón es un país muy bueno y seguramente las personas de la empresa también serán buenas’”.
Tras escuchar sus palabras, otros trabajadores rompieron en llanto y comenzaron a secarse las lágrimas.
Otra trabajadora explicó el impacto que tuvo la experiencia.
“Sentía que ya no tendría valor para volver a trabajar en Japón”.
Sin embargo, el apoyo recibido después de abandonar la granja cambió su perspectiva.
“Quiero recuperar la estabilidad emocional y volver a trabajar. Espero que haya personas amables en mi próximo lugar de trabajo”.
NIEGAN DAR EXPLICACIONES
El concejal de Kyogoku señalado por los trabajadores como una de las personas que ejercían el control efectivo de la granja rechazó responder a las preguntas del periodista.
“No aceptamos entrevistas”, respondió.
También se solicitó una entrevista al hombre identificado como su hijo mayor. Su respuesta fue: “Estamos demasiado ocupados con la cosecha como para hablar de comentarios”.
No ofreció explicaciones concretas sobre las acusaciones de agresiones y otros abusos formuladas por los trabajadores. (RI/AG/IP)
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