
La Fiscalía del Distrito de Wakayama solicitó hoy una pena de nueve años de prisión para Haru Taira (26) y Nanami Taira (26), una pareja acusada de causar la muerte por desnutrición extrema y violencia de su hija de dos años, Runa, en su vivienda de dicha localidad japonesa en julio de 2025.
Los imputados enfrentan cargos por el delito de homicidio por omisión del deber de protección, tras agredir continuamente a la menor, privarla de alimentos y negarle atención médica.
RESPONSABILIDAD COMPARTIDA
De acuerdo con el informe forense presentado ante el tribunal de Wakayama, la víctima falleció pesando unos seis kilos, apenas la mitad del peso promedio para su edad, y presentaba un estado severo de emaciación, una fractura ósea y la piel de la mandíbula inferior completamente desgarrada.
Los fiscales señalaron en la audiencia que la menor murió en condiciones de absoluto desamparo provocadas directamente por el maltrato de los progenitores.
La acusación del distrito determinó que ambos poseen el mismo grado de culpabilidad, desestimando los alegatos de la defensa del padre, quien afirmaba que la madre ejercía la mayor parte de la violencia; la fiscalía enfatizó que el hombre presenció las agresiones, no intervino para detenerlas y omitió trasladar a la niña a un hospital.
DESPRECIO FAMILIAR
Durante el proceso judicial, los imputados admitieron la totalidad de los cargos de la acusación. El Ministerio Público local presentó como evidencia una serie de mensajes de la aplicación LINE intercambiados días antes del deceso, donde se referían a la niña moribunda bajo el insulto de «boba».
Ayer, el padre envió un texto advirtiendo: «¿No se está descomponiendo su cuerpo por dentro? Pronto se le colapsarán los intestinos». Al día siguiente, la madre respondió a una consulta sobre el estado de la menor detallando de forma negligente que solo le había suministrado agua antes de ponerla a dormir.
MOTIVACIONES DE LA AGRESIÓN
En el interrogatorio a los acusados, Nanami Taira testificó que el rechazo hacia su hija comenzó cuando un pariente de su esposo comentó que el hijo mayor varón era «más lindo».
Al considerar que la niña se parecía físicamente a ella y que por ende no recibiría afecto familiar, la mujer perdió el cariño por la menor y admitió que dejó de alimentarla porque le desagradaba ver su rostro.
Por su parte, Haru Taira justificó las golpizas que propinaba a la niña desde que cumplió el año un año y medio argumentando que lloraba en público y no obedecía las órdenes.
El acusado manifestó que, al haber sido víctima de negligencia y violencia familiar durante su propia infancia en Japón, asumió de manera errónea que el nivel de castigo físico aplicado a su hija se encontraba dentro de los márgenes normales. La sentencia definitiva se dictará en las próximas semanas en los tribunales de Wakayama. (RI/AG/IP/)
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