
La iglesia de la Sagrada Familia de Barcelona celebró la noche de este 10 de junio la finalización de su estructura principal, la «Torre de Jesús», mediante una misa y una ceremonia oficial que consolidan al monumento como la iglesia más alta de todo el mundo.
El histórico acto litúrgico fue presidido por el papa Leo XIV, quien durante su intervención describió a la emblemática basílica como una auténtica obra maestra en la que se entrelazan de forma armónica la piedra, el color y la luz.
CONTINUIDAD DE LAS OBRAS
La recién terminada «Torre de Jesús» se erige justo en el centro del diseño general que contempla un total de 18 torres para todo el complejo arquitectónico, alcanzando una altura final de 172,5 metros.
Con la instalación de una gran cruz en su punto más alto, la edificación superó los registros globales previos de infraestructura religiosa. A pesar de la culminación de esta estructura principal, el monumento sigue manteniendo su célebre estatus de «iglesia inacabada», debido a que las labores de edificación continuarán desarrollándose en la denominada fachada de la Gloria, situada en el lado sur de la basílica, que representa una de las tres portadas principales del proyecto.
Al importante evento institucional acudieron diversas personalidades de la política y la realeza, destacando de forma directa la asistencia del rey Felipe VI de España y del presidente del Gobierno, el señor Sánchez.

ANIVERSARIO DE GAUDÍ
La conmemoración de la obra coincidió de manera exacta con el centenario del fallecimiento del célebre arquitecto Antoni Gaudí, de quien este templo constituye su legado artístico y profesional más representativo.
La basílica, que atrae anualmente a cerca de cinco millones de visitantes de todos los continentes, se encuentra inscrita de forma oficial en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco como parte del conjunto de las obras de Gaudí.
Durante la homilía, el papa Leo XIV reflexionó sobre el prolongado proceso de construcción afirmando que la imperfección no equivale a un defecto, sino que representa el testimonio de un deseo, catalogando además al monumento como un claro símbolo de unidad y armonía para la ciudad de Barcelona y para toda la región de Cataluña.
Asimismo, el sumo pontífice aprovechó el espacio para dirigir un firme llamado a los fieles católicos del mundo frente a las guerras vigentes, sentenciando que no es coherente promover los conflictos armados ni asesinar a personas inocentes mientras se declare tener fe en Jesús. (RI/AG/IP/)
Descubre más desde International Press - Noticias de Japón en español
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.








