El asma, durante años considerada una enfermedad infantil, ha cambiado su perfil en Japón. Datos del Ministerio de Salud indican que en las últimas tres décadas los casos en adultos se han triplicado alcanzando aproximadamente al 3% de la población.
Lejos de ser una prolongación del asma infantil, la mayoría de los casos aparece en la edad adulta. Entre el 60% y el 80% de los pacientes desarrollan la enfermedad después de los 20 años lo que redefine su impacto sanitario.
Este cambio afecta especialmente a personas en plena vida laboral y familiar. El asma en adultos es más frecuente a partir de los 40 años, lo que incrementa su impacto social y económico en sectores clave de la población.
El ministerio advierte que se trata de una enfermedad crónica que requiere control continuo. Incluso en ausencia de síntomas, la inflamación de las vías respiratorias puede persistir y deteriorar progresivamente la función pulmonar.
En cuanto a las causas, el documento señala que la exposición a alérgenos es un factor determinante. Elementos como el polvo doméstico, los ácaros y el polen están entre los principales desencadenantes.
A ello se suman factores ambientales evitables. El humo del tabaco, por ejemplo, agrava la inflamación de las vías respiratorias y puede reducir la eficacia del tratamiento, por lo que su eliminación es considerada fundamental en el manejo del asma.
El propio ministerio subraya que tratar la enfermedad sin controlar estos factores equivale a un esfuerzo ineficaz. La prevención, mediante la reducción de la exposición, es considerada el primer paso antes incluso del uso de medicamentos.
Aun así, el documento introduce un matiz relevante. Existen casos en los que los pacientes alcanzan largos periodos sin síntomas ni necesidad de tratamiento, lo que se considera un estado de remisión prolongada.
En un seguimiento a pacientes, se observó que un 8% permaneció más de cinco años sin crisis, mientras que un 16% superó los tres años sin episodios. Algunos de ellos no requerían ningún tipo de tratamiento durante ese tiempo.
Estos casos sugieren que, aunque la curación completa es difícil de definir, sí es posible lograr un control sostenido de la enfermedad. Sin embargo, los especialistas insisten en que no debe abandonarse el seguimiento médico.
El riesgo principal no radica solo en la enfermedad, sino en su manejo. El retraso en la atención, la subestimación de los síntomas o la falta de información son factores que pueden derivar en crisis graves e incluso mortales.
Por ello, el ministerio enfatiza la importancia de la autogestión. Herramientas como el registro diario de síntomas y la medición del flujo respiratorio permiten detectar a tiempo el empeoramiento del asma y actuar de forma precoz.
El tratamiento actual combina medicamentos preventivos y de acción rápida, pero su eficacia depende en gran medida del uso correcto y constante por parte del paciente, incluso cuando se siente bien.
Además, el entorno social juega un papel clave. La falta de comprensión en el trabajo o la escuela puede dificultar el uso de inhaladores o el acceso a tratamiento, lo que compromete el control de la enfermedad.
En este contexto, las autoridades sanitarias impulsan estrategias para reducir las muertes por asma, destacando la necesidad de atención temprana y sistemas médicos accesibles en todo el país. (International Press)
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