El presidente Donald Trump anunció que Alí Jamenei fue abatido. Sin embargo, el gobierno de Irán desmintió rotundamente el asesinato, calificando la noticia como una táctica de guerra psicológica.
Trump aseguró que esta muerte es la mayor oportunidad para que el pueblo iraní recupere su país. Además, advirtió que el «bombardeo intenso y selectivo» continuará de forma «ininterrumpida».
Calificó al líder supremo de Irán como «una de las personas más malvadas de la historia». El mandatario presumió que Jamenei «no pudo evitar nuestros sistemas de inteligencia».
El presidente aseguró que no hubo nada que el ayatolá, «o los otros líderes que han sido abatidos», pudieran hacer para evadir la ofensiva ejecutada junto a Israel.
Dirigiéndose a los ciudadanos iraníes, Trump los instó a «tomar el control de su destino». Les pidió rebelarse, afirmando que «cuando hayamos terminado, asuman el control de su gobierno».
«Será suyo para tomarlo», sentenció Trump en un video. Añadió dramáticamente que esta será «probablemente su única oportunidad por generaciones» para derrocar al régimen islámico de una vez.
El presidente amenazó con «aniquilar» la armada iraní. Exigió a la Guardia Revolucionaria deponer sus armas, advirtiendo que enfrentarán una «muerte segura» si deciden no rendirse de inmediato.
Sobre las posibles bajas estadounidenses durante esta escalada, Trump reconoció públicamente que podría haber víctimas. El mandatario afirmó que esto es algo «que a menudo sucede en la guerra».
JAMENEI ESTÁS VIVO, SEGÚN IRÁN
En Teherán, la respuesta fue tajante. El ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, aseguró que tanto Jamenei como el presidente Masoud Pezeshkian están vivos y condenó el ataque.
La oficina del líder supremo denunció estas afirmaciones como «guerra psicológica». Diversas agencias estatales y legisladores iraníes confirmaron que el ayatolá permanece firme y al mando de la nación.
Mientras las versiones chocan, la masacre es innegable. La Media Luna Roja reportó 201 muertos y más de 700 heridos. Un bombardeo contra una escuela en el sur dejó 85 víctimas.
En venganza por este letal ataque, Teherán desató su furia. Dispararon decenas de misiles y drones contra Israel y contra bases militares estadounidenses ubicadas en Baréin, Kuwait y Qatar.
Aunque las autoridades iraníes lo niegan, testigos confirmaron enormes explosiones cerca del céntrico barrio de Pasteur. Esta zona alberga las oficinas presidenciales y del líder supremo del país. (RI/AG/IP/)
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