
En julio de 2025, un terremoto en Kamchatka envió un aviso a Toba, prefectura de Mie. Aunque el epicentro estaba lejos, un tsunami de 40 centímetros golpeó la bahía, destruyendo el 20% de las balsas de ostras de Uramurach0.
Las cuerdas se enredaron bajo el mar, provocando pérdidas por 30 millones de yenes. Este incidente reveló la fragilidad de la costa de Rias, una geografía hermosa pero letal que amplifica la altura de las olas entrantes.
El profesor Takeshi Sagiya, de la Universidad de Nagoya, explicó en la cadena TBS el fenómeno peligroso. En aguas profundas el tsunami es rápido, pero al llegar a bahías poco profundas se frena, acumulando agua y elevando drásticamente su altura destructiva.

LA PELIGROSA FOSA DE NANKAI
La verdadera amenaza latente es el megaterremoto en la Fosa de Nankai. Se estima que olas de hasta ocho metros golpearían Uramura en solo 20 minutos. La zona de Imaura, densamente poblada en tierras bajas, enfrenta un riesgo inminente.
Un monumento de piedra recuerda el terremoto de Ansei de 1854. La marca indica que el agua llegó a cinco metros de altura sobre el nivel del mar. Hoy, la mayoría de las viviendas están por debajo de esa línea.
Ante el peligro, los vecinos negociaron con terratenientes para crear un refugio a 17 metros de altura y con subsidios municipales, transformaron un antiguo campo de cultivo en un helipuerto de evacuación accesible para los residentes locales.
SIMULACIÓN: TSUNAMI EN 9 MINUTOS
La situación es aún más crítica en Kuzaki-cho, un pueblo frente al mar abierto famoso por sus buceadoras. Allí, las simulaciones oficiales indican que un tsunami devastador llegaría en apenas nueve minutos tras el sismo, sin dar tregua.
Sorprendentemente, una buceadora Ama de 70 años declaró que prefiere quedarse en casa antes que huir. Esto responde a una decisión ancestral: hace 500 años, el pueblo se trasladó a las alturas como medida de protección definitiva.
Sin torres de evacuación artificiales en la ciudad, la supervivencia depende de la geografía. Para una población envejecida, subir pendientes pronunciadas en pocos minutos es un desafío físico extremo que podría determinar quién vive y quién muere. (RI/AG/International Press)
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