Japón tiene 9 millones de viviendas vacías, según el Ministerio de Asuntos Internos y Comunicaciones. Frente a este desafío estructural, en varias prefecturas ha comenzado un movimiento para alquilar parte de estas propiedades a trabajadores asiáticos del programa Tokutei gino.
El fenómeno no implica millones de contratos, sino iniciativas locales en expansión. Japón cuenta con cerca de 4 millones de residentes extranjeros, y una fracción creciente trabaja en enfermería, agricultura e industria en zonas rurales envejecidas.
El Nomura Research Institute proyecta que las viviendas vacías podrían alcanzar 18,87 millones en 2043. Gobiernos locales y organizaciones privadas ven en los trabajadores extranjeros una oportunidad para revitalizar barrios con población en declive.
En Takahama, Aichi, una cuidadora indonesia vive en una casa reacondicionada gestionada por Trading Care. Participa en limpiezas vecinales y actividades comunitarias, fortaleciendo vínculos en una zona donde predominan adultos mayores.
En Saitama, el grupo TFY asesora a empresas para adaptar viviendas antiguas con condiciones adecuadas de higiene, conectividad y espacios compartidos. La calidad del alojamiento es clave para retener empleados que pueden cambiar de trabajo.
En Iyo, Ehime, una casa vacía renovada funciona como centro de intercambio administrado por Japannesia. Allí se organizan encuentros culturales y actividades comunitarias que promueven integración y apoyo mutuo.
Estas iniciativas avanzan mientras sectores políticos como Sanseito endurecen su discurso sobre inmigración. En contraste, comunidades rurales apuestan por convivencia práctica y soluciones concretas ante la despoblación y el envejecimiento acelerado. (RI/AG/IP/)
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