
Un cambio drástico en los requisitos de visado amenaza con el cierre masivo de restaurantes de curry y pequeños negocios asiáticos en Japón. La nueva normativa multiplica por 6 el capital necesario, exigiendo cifras imposibles a los emprendedores.
En un popular restaurante de la ciudad de Funabashi, las familias disfrutan del menú de almuerzo por 900 yenes. Sin embargo, su propietario, un empresario indio residente en Japón, confiesa que su negocio enfrenta una sentencia de muerte inminente.
La renovación de la visa de «Gestión y Administración» se ha endurecido severamente. El capital requerido ha saltado de 5 millones a 30 millones de yenes. Además, ahora es obligatorio contratar al menos a 1 empleado fijo, algo inasumible para muchos.
El nueva situación responde al auge de los «Run-Ri», ciudadanos chinos que buscan emigrar a Japón. Desde 2022, tras la pandemia, se disparó la obtención de visados por parte de nacionales chinos, alertando a las autoridades de inmigración.
De los 103.611 visados de gestión otorgados en 2024, más de la mitad (54.647) fueron para ciudadanos chinos. En contraste, los nepalíes apenas sumaron 1.378 casos, evidenciando una desproporción masiva en el uso de este permiso de residencia.
Una investigación de Inmigración de Tokio a finales de 2023 reveló el fraude. De 300 casos sospechosos, el 90% eran «empresas de papel» sin actividad real. Este abuso sistemático llegó al Parlamento, provocando la estricta reforma actual.
Sin embargo, esta drástica medida no frena a los grandes capitales, sino que asfixia a los pequeños empresarios honestos. Justos pagan por pecadores. Negocios legítimos de tailandeses, vietnamitas e indios están pagando el precio injusto de un fraude que ellos no cometieron.
Barrios emblemáticos como Shin-Okubo en Tokio podrían convertirse en «ruinas» si estos locales cierran. «Los restaurantes étnicos son vitales para la economía local, sosteniendo a propietarios japoneses y proveedores que dependen de su actividad comercial diaria», dijo la revista AERA sobre el tema.
La tragedia humana se extiende a las familias. Miles de niños criados en Japón podrían verse obligados a marcharse a países desconocidos. Asimismo, se aplastan los sueños de 435.000 estudiantes internacionales que aspiraban a emprender legalmente aquí. (RI/AG/IP/)
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