El mandato de Takato Ishida, quien a sus 35 años se ha convertido en el gobernador más joven de Japón, no comenzó con la celebración esperada, sino con una tormenta política inmediata. Durante su primera conferencia de prensa oficial tras asumir el cargo en la prefectura de Fukui, el líder regional fue acorralado por los medios de comunicación, que lo acusaron directamente de haber estafado al electorado con tal de ganar votos, utilizando un discurso incendiario sobre la inmigración que ahora parece incapaz de sostener.
El punto crítico del enfrentamiento surgió por las declaraciones que Ishida realizó durante la campaña electoral en redes sociales y en actos junto a representantes del partido ultraderechista Sanseito. En esos vídeos, el entonces candidato afirmó categóricamente que «Japón es nación de etnia única» y expresó su firme oposición a lo que denominó una «política de inmigración desordenada». Estas palabras, diseñadas para atraer a un sector específico de votantes conservadores, fueron corregidas y matizadas por él tras su elección, generando confusión sobre su verdadera postura.
«HA ENGAÑADO A LOS VOTANTES»
La tensión en la sala de prensa escaló cuando un periodista confrontó al gobernador por la incoherencia entre su retórica de campaña y sus respuestas actuales, que se tornaron vagas y evasivas. Al ser interrogado sobre si aquellas afirmaciones constituían una promesa formal de gobierno, Ishida intentó esquivar la responsabilidad respondiendo con un tibio: «No, no es eso. Pretendo seguir debatiendo el tema en el futuro».
La respuesta no satisfizo a la prensa. En un intercambio cargado de hostilidad, el periodista lanzó una sentencia lapidaria que marcó el tono del inicio de su gestión: «Si usted dijo eso en un acto público y ahora resulta que no era una promesa de campaña, entonces ha engañado a los votantes». La acusación dejó en evidencia la fragilidad del gobernador, quien se mostró incapaz de explicar sus políticas con sus propias palabras, limitándose a lecturas cautelosas y respuestas ambiguas que sembraron dudas sobre su capacidad de liderazgo.
Ishida llegó al poder tras la renuncia de su predecesor por un escándalo de acoso sexual. Para diferenciarse, el nuevo gobernador prometió presentar en febrero una ordenanza pionera contra el acoso que incluirá a todos los funcionarios, incluidos los cargos especiales. Sin embargo, esta iniciativa quedó totalmente eclipsada por la controversia sobre su integridad política y sus visiones sobre la raza y la inmigración.
La estrategia de mostrarse radicales contra la inmigración en Japón y luego recular, para evitar ser llamados xenófobo o racista, no es nueva. Fue aplicada por el Sanseito en las elecciones generales pasadas. El objetivo es simple: ganar votos. (RI/AG/IP/)
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