La incertidumbre sobre el futuro económico tras la pérdida de un cónyuge es una preocupación latente para muchas amas de casa en Japón. La realidad del sistema de pensiones nipón esconde una brecha abismal que depende exclusivamente de la situación laboral del marido. Mientras que la viuda de un empleado de compañía puede contar con un ingreso mensual estable, la esposa de un trabajador autónomo podría enfrentarse a un escenario de desprotección total, recibiendo prácticamente cero yenes.
El sistema de seguridad social japonés diferencia drásticamente entre quienes cotizan como asalariados y quienes lo hacen por cuenta propia. Esta distinción define si la viuda tendrá un paracaídas financiero o si caerá en el vacío económico tras el fallecimiento de su pareja.
RESPALDO PARA ESPOSAS DE ASALARIADOS
Cuando el marido ha trabajado como empleado de una empresa, generalmente ha cotizado tanto en la Pensión Nacional (Kokumin Nenkin) como en la Pensión de Empleados (Kosei Nenkin). Esta doble cobertura es la clave para la estabilidad de la viuda. En este escenario, la esposa tiene derecho a recibir la Pensión de Sobrevivientes de los Empleados, un beneficio calculado sobre las aportaciones del difunto.
El mecanismo establece que la viuda recibirá tres cuartas partes de la porción proporcional a la remuneración que le hubiera correspondido al marido. Por ejemplo, si un esposo recibía una pensión total de 180.000 yenes mensuales, compuesta por 65.000 de la base nacional y 115.000 de la parte de empleados, el cálculo se realiza sobre esta última cifra.
En este caso hipotético, la viuda recibiría aproximadamente 86.000 yenes al mes. Si bien no es una fortuna, suma más de un millón de yenes al año. Este ingreso se otorga independientemente de si la pareja tenía hijos o de la edad de la esposa, garantizando un mínimo vital que evita que los ingresos del hogar desaparezcan por completo.
TRAMPA FINANCIERA PARA LOS AUTÓNOMOS
El panorama cambia radicalmente si el marido era trabajador autónomo o freelance. En estos casos, la cotización se limita casi siempre a la Pensión Nacional. Aquí es donde muchas mujeres se llevan una sorpresa devastadora. La prestación disponible es la Pensión Básica de Sobrevivientes o Izoku Kiso Nenkin, pero su acceso es extremadamente restrictivo.
Este beneficio está diseñado exclusivamente para familias con hijos menores de 18 años o hijos con discapacidad menores de 20. Si la pareja no tuvo hijos o estos ya son adultos, la viuda no recibe absolutamente nada de esta pensión. No importa cuántos años haya cotizado el marido; el sistema no contempla la transferencia de beneficios a la esposa en ausencia de menores a cargo.
Para aquellas familias que sí cumplen el requisito de tener hijos menores, la ayuda ronda los 69.000 yenes mensuales más un extra por cada niño. Sin embargo, para una ama de casa sin hijos a cargo cuyo marido autónomo fallece, la cifra es cero.
LA URGENTE PLANIFICACIÓN PRIVADA
Esta disparidad obliga a las familias de trabajadores independientes a tomar medidas urgentes. No pueden confiar ciegamente en la seguridad social pública como lo haría un empleado corporativo. La diferencia entre recibir 80.000 yenes mensuales de por vida o no recibir nada marca la línea entre la pobreza y la subsistencia digna.
Los expertos sugieren que las familias de autónomos deben construir su propia red de seguridad. Esto implica la contratación de seguros de vida privados, la inversión en planes de pensiones personales como el iDeCo o la afiliación al Fondo de Pensiones Nacional. Otra opción recomendada es que la esposa busque empleo para cotizar por su cuenta en el sistema de Kosei Nenkin, asegurando así su propio futuro sin depender de la pensión de viudez.
Conocer estas reglas del juego es vital. Asumir que el Estado proveerá en todos los casos es un error que puede costar muy caro en los momentos más vulnerables de la vida. (RI/AG/IP/)
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