¿Es real confiar en el seikatsu hogo para salvar la vejez en Japón?

Una ventanilla de atención para Asistencia Social, el Seikatsu Hogo

Confiar ciegamente en que el Estado cubrirá todos los gastos al envejecer es una apuesta arriesgada que muchos ciudadanos en Japón están asumiendo. Es común escuchar a personas con hábitos de gasto elevados o sin ahorros afirmar con ligereza que «vivirán del Seikatsu Hogo» (la Asistencia Social) al jubilarse. Sin embargo, este sistema de protección del sustento no es un derecho automático por el simple hecho de alcanzar la vejez, sino un último recurso de auxilio social con condiciones sumamente estrictas que equivalen, en la práctica, a una quiebra vital.

La asistencia social está diseñada exclusivamente para quienes, por enfermedad, vejez o desempleo, no pueden alcanzar el nivel mínimo de subsistencia. Antes de otorgar cualquier ayuda, la oficina de bienestar o Fukushi Jimusho realiza una investigación exhaustiva. Si usted posee ahorros, propiedades o un vehículo, se le exigirá vender dichos activos para costear su vida antes de calificar. Incluso la posesión de una tarjeta de crédito está prohibida; el beneficiario debe cancelar sus cuentas, pues el Estado no permite usar dinero público para pagar deudas o intereses.


CONTROL SOBRE LA ECONOMÍA PERSONAL

Para acceder a este apoyo, no basta con tener ingresos bajos; se deben agotar todas las alternativas previas. El solicitante debe haber tramitado primero otros beneficios como la pensión básica de vejez o Rorei Kiso Nenkin. Además, el gobierno prioriza el apoyo familiar: si el solicitante tiene hijos con capacidad económica, se les instará formalmente a brindar soporte. Una vez dentro del sistema, el control es absoluto. Un ahorro excesivo puede ser motivo de sanción; si el Estado detecta dinero acumulado sin justificación, puede reducir el subsidio o exigir su devolución inmediata.

Para los ancianos, la situación es aún más inflexible. A diferencia de los jóvenes, para quienes el subsidio es un puente hacia el empleo, para un adulto mayor suele ser una condición permanente hasta el fallecimiento. Solo se permite un pequeño margen de ahorro bajo conceptos muy específicos, como el «fondo para el funeral» o Sosaihi, para evitar que los ritos mortuorios sean una carga pública. Fuera de ese fin humanitario, cualquier gestión económica que no sea para la subsistencia diaria es vigilada de cerca por el trabajador social o Kesu Waka.


POR UNA BASE FINANCIERA PROPIA

Pensar que «de alguna manera se solucionará» al llegar a la vejez es una mentalidad peligrosa. Las condiciones para acceder al Seikatsu Hogo podrían endurecerse aún más en el futuro debido al envejecimiento demográfico de Japón. La verdadera tranquilidad no proviene de un subsidio estatal que anula la libertad financiera y el crédito personal, sino de las previsiones que se tomen hoy. Incluso el ahorro de pequeñas cantidades de forma constante y la revisión de los trámites de jubilación pueden marcar una diferencia drástica.

El Seikatsu Hogo es una red de seguridad vital, pero entrar en ella significa aceptar una muerte civil financiera. El método más seguro para enfrentar el envejecimiento es acumular preparativos paso a paso antes de depender de un sistema de último recurso. La vejez debe ser una etapa de descanso y dignidad; para lograrlo, la responsabilidad financiera personal sigue siendo la herramienta más eficaz para proteger nuestro propio destino y evitar la quiebra que supone vivir bajo la estricta tutela del Estado. (RI/International Press)



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