

Las tradicionales chonaikai o asociaciones vecinales japonesas atraviesan una crisis sin precedentes. La disminución de afiliados, los conflictos por cuotas elevadas y la falta de relevo generacional amenazan la continuidad de estas organizaciones, que durante décadas fueron pilares de la vida comunitaria, especialmente en seguridad, convivencia y prevención de desastres.
En Japón existen unas 290.000 asociaciones vecinales, integradas de manera voluntaria por residentes. Cumplen funciones clave: distribuir circulares, organizar limpiezas, gestionar la basura, coordinar festivales y patrullar los barrios.
Sin embargo, los números reflejan un deterioro constante. En 2021, la tasa nacional media de afiliación era del 71,8 %, mientras que en Tokio bajó al 41,4 % en 2023, con caídas más marcadas en zonas de viviendas colectivas.
VOCES DIVIDIDAS
Para algunos, pertenecer a una chonaikai es sinónimo de seguridad. Los padres que trabajan saben que sus hijos están solos, los vecinos están atentos y en que en situaciones de emergencia, la conexión vecinal funciona.
Otros, en cambio, lo consideran una carga. Se sabe también que estas asociaciones tienen, cada vez, menos miembros, lo que multiplica las tareas vecinales; se necesita un gran sentido de responsabilidad para continuar y los vecinos más jóvenes son renuentes a tomar la posta.
En Kawasaki, una vecina que quiso renunciar a la directiva fue presionada a diario y hasta se le prohibió usar el contenedor de reciclaje comunitario. En otra zona, una familia recibió la exigencia de pagar 120.000 yenes para integrarse; al negarse, fueron amenazados con restricciones en la recogida de la basura y recepción de la información local.
Expertos advierten que su desaparición debilitaría la resiliencia comunitaria. Tras el terremoto de 2011 en Sendai, una asociación vecinal verificó en solo 30 minutos la seguridad del 80 % de los hogares. En Kumamoto, un sistema digital gestionado por lugareños junto a universidades permite vigilar inundaciones y coordinar evacuaciones en tiempo real.
NUEVAS FORMAS DE ORGANIZARSE
Algunas comunidades apuestan por transformarse. En Kofu (Yamanashi) se disolvió la asociación tradicional y se creó una más ligera, centrada solo en prevención de desastres y sin cuotas altas. En Ichikawa (Chiba) se implementó un tablón digital en smartphones, atrayendo a jóvenes y reduciendo papeleo.
El profesor Kazushi Tamano, experto en sociología urbana, dijo en un análisis que la clave es simplificar el funcionamiento de estas asociaciones: “Si se limita su papel a la coordinación y no a tareas pesadas, pueden mantenerse como una red mínima de apoyo”. (RI/AG/IP/)
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