Un exintegrante de una organización criminal dedicada al robo de vehículos en Japón ofreció un testimonio directo y detallado sobre la extrema vulnerabilidad de los automóviles de lujo y la ineficacia de los sistemas de seguridad convencionales.
Sus declaraciones, recogidas por la cadena FNN, exponen un esquema de operaciones delictivas coordinadas por talleres de desguace clandestinos y agrupaciones que perciben este delito como una actividad de baja dificultad técnica.
ROBO MASIVO EN TOCHIGI Y AUDIOS
La gravedad de esta problemática quedó registrada por las cámaras de seguridad del concesionario Honda Cars Nozaki, ubicado en Otawara, prefectura de Tochigi. En dicho establecimiento, una banda sustrajo durante la madrugada un total de 11 vehículos de modelos de alta demanda como Civic y Odyssey, cuyo valor conjunto asciende a 25 millones de yenes.
Tras ser localizados en estacionamientos de Tochigi y Saitama, la inspección de las grabadoras de conducción recuperadas expuso conversaciones de delincuentes extranjeros hablando en japonés básico y lenguas foráneas.
Un especialista vietnamita de la academia internacional New World de Nagoya, analizó los audios y confirmó que los conductores hablaban un dialecto del centro de Vietnam. «La recompensa estimada por este robo es de 8 millones de yenes. Como la vez anterior también gané 8 millones, ya tengo un total de 16 millones de yenes, así que puedo regresar a mi país», indicaba una de las traducciones. En las grabaciones, los sujetos detallaron que un Odyssey del año 2019 se vendió previamente por 310.000 yenes y enfatizaron la necesidad de dividir el dinero equitativamente de regreso para evitar peleas».
La presencia de múltiples idiomas en diferentes vehículos transportados sugiere que los automóviles robados son transferidos de manera coordinada entre distintas bandas internacionales.
Sin embargo, de acuerdo con estadísticas de la Agencia Nacional de Policía, en 2025 se arrestó a 744 sospechosos por robo de autos, de los cuales solo 51 eran extranjeros (6,9%), lo que demuestra que este delito es operado mayoritariamente por organizaciones delictivas locales y mafias de desguace asociadas.
«SE SENTÍA COMO UN JUEGO»
Un antiguo delincuente originario de la prefectura de Aichi, arrestado hace dos años y hoy libre por su colaboración en la investigación, rompió el silencio bajo condición de anonimato para describir el negocio desde adentro.
Al ser cuestionado sobre la facilidad para cometer los hurtos, el sujeto fue contundente: «Cualquier estacionamiento mensual común se puede vulnerar de forma normal. Al final, un auto que se puede robar, lo roban en cualquier lugar. Aunque sea difícil de operar, si lo quieren, se lo llevan».
El hombre confesó que su red se enfocaba exclusivamente en vehículos de alta gama: «Robábamos puros Toyota y Lexus, principalmente Land Cruiser o el modelo LX». Al explicar el incentivo detrás de estas elecciones, señaló que lo hacían «porque da dinero; recibíamos unos 2 millones de yenes por unidad», ganancias que posteriormente gastaba en «apuestas, alcohol y mujeres».
Respecto a sus inicios en el hampa, admitió: «La barrera de entrada al robo de coches es baja, prácticamente cualquiera puede hacerlo. Al principio se sentía como un juego».
HACKEO CON CAN INVADER
El método delictivo se basaba en el uso del CAN Invader, un dispositivo electrónico capaz de burlar el sistema informático del vehículo. El entrevistado minimizó la complejidad de la técnica: «Es solo insertar una terminal tipo aguja, así que cualquiera puede hacerlo. Es facilísimo». Detalló además que adquirió el aparato en internet por un costo menor a un millón de yenes.
La selección de los objetivos respondía a una logística organizada de oferta y demanda. «Las órdenes a veces venían directamente de los dueños de los talleres. Nos pedían ‘quiero este modelo específico de este auto’. Pero aunque no hubiera pedidos, sabíamos que esos autos se convertían en dinero rápido, así que si veíamos uno, íbamos por él».
Las coordinaciones entre los ladrones se realizaban mediante la aplicación encriptada Telegram, manteniendo un anonimato estricto que protege a las cúpulas: «Nadie delata a nadie. Nadie abajo sabe quiénes están realmente arriba; es imposible llegar a los líderes, es muy difícil».
LA INEFICACIA DE LOS CANDADOS DE VOLANTE
Durante un recorrido de inspección por las calles de Nagoya, el testigo identificó con facilidad los puntos vulnerables de la vía pública. Al detenerse frente a un aparcamiento con muros altos, comentó: «Este lugar de aquí es perfecto porque no se puede ver nada de lo que pasa dentro desde la calle».
Al evaluar los vehículos estacionados en la zona, el ex delincuente aclaró la escasa eficacia de los sistemas de seguridad de los coches. «A ese Lexus NX se le puede robar totalmente. Más que el lugar, lo que importa es el modelo del auto. Y si quieren ese Alphard de allá, vamos por él sin problemas».
Al recordarle que dicho vehículo contaba con un candado de seguridad en el volante, el entrevistado ironizó: «Igual se puede robar, no tiene ningún sentido. Eso es solo una pequeña resistencia. Se corta de inmediato. Ya sea un Land Cruiser o un Lexus LX, son autos de lujo; cuando cierras la puerta, el sonido interior queda tan aislado que no trasciende. Aunque el aparato de hackeo haga ‘wiiin’, nadie afuera va a escuchar absolutamente nada». (RI/AG/IP/)
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