La promesa de generar ingresos elevados con el mínimo esfuerzo durante el tiempo libre se ha convertido en el gancho más peligroso del mercado laboral japonés. Las autoridades y los organismos de protección al consumidor alertan sobre un incremento sin precedentes de la «estafa del empleo secundario» (fukugyo sagi), una modalidad delictiva que explota la flexibilización laboral para desvalijar las cuentas de trabajadores jóvenes y desempleados mediante engaños digitales.
La gravedad de la situación quedó en evidencia tras un fallo del Tribunal del Distrito de Osaka, que ordenó a una empresa de servicios web indemnizar con 14 millones de yenes (unos 90.000 dólares) a ocho víctimas.
El engaño se ejecutaba a través de LINE, donde prometían ingresos mensuales de 300.000 yenes por tareas sencillas como copiar y pegar textos, asegurando que no existía riesgo financiero. Sin embargo, tras exigir un pago inicial de 20.000 yenes, la firma coaccionaba a los usuarios a contratar supuestos planes de soporte de hasta 1,79 millones de yenes.
Mediante aplicaciones de pantalla compartida, los criminales manipulaban a las víctimas para solicitar préstamos a firmas de financiamiento al consumo, dejándolas con deudas masivas y sin los pagos prometidos.
FRAUDE DIGITAL EN ASCENSO
Los datos oficiales proporcionados por el Kokumin Seikatsu Sentā (Centro Nacional de Asuntos del Consumidor de Japón) revelan una evolución de alcance crítico en los últimos cinco años, consolidando a las plataformas digitales como el principal vector de captación de las mafias.
El número de consultas relacionado con fraudes de trabajos sencillos ha mantenido una tendencia ascendente continua, pasando de cerca de 1.350 casos anuales en el año fiscal 2020 a escalar drásticamente hasta las 3.383 consultas en el año fiscal 2024, lo que representa un incremento neto del 250%.
Paralelamente, el porcentaje de estafas que se originan directamente en redes sociales ha crecido de forma descontrolada en el mismo periodo. Mientras que en 2020 estos canales representaban poco más del 22% de los casos totales recopilados por las autoridades, para el año fiscal 2024 la dependencia de las redes sociales trepó hasta superar el 71% del total de las denuncias.
Esto se traduce en un volumen de 2.428 incidentes específicos donde las víctimas iniciaron su interacción con las redes delictivas a través de perfiles fraudulentos u ofertas engañosas en sus plataformas de interacción social.
VULNERABILIDAD JUVENIL
La macroencuesta revela que los ciudadanos menores de 30 años representan el 60% del total de los afectados por este ecosistema delictivo. Los analistas asocian esta extrema vulnerabilidad con una menor percepción del riesgo al interactuar con desconocidos en entornos virtuales, sumado a un cambio estructural profundo en las corporaciones niponas.
Según el Instituto de Investigación Persol, citado por el diario Yomiuri, el 64% de las compañías en Japón ya permiten la doble actividad laboral de sus empleados, la cifra más alta registrada desde 2018. Los jóvenes de entre 20 y 29 años muestran la tasa de participación más alta en empleos secundarios, convirtiéndose en el blanco ideal para estas redes de fraude masivo que se aprovechan de la necesidad de ingresos complementarios. (RI/AG/IP/)
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