El Tribunal de Distrito de Osaka condenó a ocho años de prisión a Noriyuki Iimori, acusado de causar la muerte de su sobrina de seis años y ocultar su cadáver durante 18 años en una vivienda de Osaka.
La sentencia fue dictada hoy por el juez Hiroki Ito. La fiscalía había solicitado 12 años de prisión, mientras que la defensa pidió una condena de cuatro años o menos, centrando el debate del juicio en la determinación de la pena.
La víctima, Rena Iwamoto, tenía seis años cuando murió. Su cuerpo fue hallado en febrero de 2025 dentro de un contenedor metálico relleno con concreto en un apartamento de Yao.
Según la acusación, el acusado golpeó y pateó repetidamente a la menor entre diciembre de 2006 y enero de 2007 en su vivienda en el distrito de Hirano, provocándole la muerte. Después colocó el cuerpo en un baúl metálico, lo cubrió con concreto y lo mantuvo oculto durante aproximadamente 18 años.
Durante su interrogatorio en el juicio, Iimori explicó que la situación de la crianza lo había superado. “La crianza se volvió muy dura y empecé a ejercer violencia contra Rena cuando no me obedecía”, declaró.
En ese momento, el abuelo explicó falsamente a las autoridades municipales que madre e hija habían desaparecido.
El caso también reveló una compleja situación familiar. Rena vivía en Yao con su madre y su abuelo.
Según el proceso judicial, la madre abandonó el hogar alrededor de 2004 para escapar de acreedores y comenzó a trabajar en otro lugar como empleada residente.
En ese momento, el abuelo explicó falsamente a las autoridades municipales que madre e hija habían desaparecido.
Con base en esa explicación, el municipio eliminó sus registros de residencia, lo que convirtió a la niña en una menor sin registro oficial, conocida en Japón como un “niño desaparecido del registro”.
Al no poder hacerse cargo de ella, el abuelo entregó a Rena al acusado alrededor de septiembre de 2006.
Iimori tenía entonces 23 años, no tenía empleo estable y vivía con su pareja, Akari Shibata, quien actualmente también enfrenta juicio por abandono de cadáver.
El acusado ocultó la muerte de la niña incluso a su madre.
Según el juicio, la madre continuó entregando regalos y dinero para su manutención a Iimori y su pareja hasta alrededor de 2018, creyendo que su hija seguía con vida.
La defensa sostuvo que el acusado había sido forzado a asumir el cuidado de la menor y que acumulaba estrés y dificultades personales, por lo que solicitó una pena reducida.
El tribunal finalmente impuso una condena de ocho años de prisión por los delitos de lesiones con resultado de muerte y abandono de cadáver. (RI/AG/IP/)
Descubre más desde International Press - Noticias de Japón en español
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.










