La fantasía de una vejez tranquila y liberada del trabajo de quien cotizó la jubilación toda su vida, tanto Kokumin Nenkin como Kosei Nenkin, se estrella violentamente contra la realidad financiera particular en Japón. Para un ciudadano soltero que llega a la tercera edad con su cuenta de ahorros en cero, la pregunta es angustiante: ¿Es posible sobrevivir dignamente con una pensión de 150.000 yenes mensuales? La respuesta, condicionada por la reforma tributaria de diciembre del año pasado, es un rotundo aviso a tener muy en cuenta: ese dinero jamás llega íntegro a sus manos.
Lo primero que todo futuro jubilado debe comprender es que la pensión pública no es un ingreso neto. Antes de que el dinero toque la cuenta bancaria, debe atravesar un estricto filtro tributario. Los documentos oficiales de la Organización de Pensiones revelan un cuadro de cálculo que confunde a muchos, pero que es vital entender: el gobierno aplica una fórmula matemática para determinar qué parte de tu dinero es «sagrada» y qué parte está sujeta a impuestos.
El cuadro de retenciones establece el mecanismo del «escudo fiscal». Para un mayor de 65 años, la fórmula del gobierno suma dos valores: el 25% de la pensión mensual más una base fija de 65.000 yenes. Es fundamental aclarar que esta suma no es lo que te quitan, sino todo lo contrario: es la cantidad que el Estado libera de impuestos.
UN CASO PRÁCTICO DE RETENCIONES
En un caso práctico de una pensión de 150.000 yenes, el cálculo es revelador. El 25% equivale a 37.500 yenes; al sumarle los 65.000 fijos, obtenemos un total de 102.500 yenes. Este monto es el dinero protegido, el «mínimo para vivir» que Hacienda no toca. Sin embargo, esto deja al descubierto los restantes 47.500 yenes, que se convierten en el blanco sobre el cual se calculan los impuestos a la renta.
Pero el verdadero golpe al bolsillo no viene solo del impuesto a la renta, sino de la Seguridad Social. Si la pensión anual supera los 180.000 yenes, el municipio activa la recaudación automática. Las primas del Seguro Nacional de Salud (Kokumin Kenko Hoken) y del Seguro de Cuidados de Enfermería (Kaigo Hoken) se descuentan directamente de la fuente. Al sumar estos seguros obligatorios a los impuestos, el jubilado ve desaparecer aproximadamente unos 25.000 yenes mensuales antes de cobrar.
La realidad bancaria es fría: de los 150.000 yenes prometidos, lo que realmente entra al bolsillo ronda los 125.000 yenes. Con esta cifra neta, la supervivencia depende de un equilibrio precario entre vestimenta, alimentación y vivienda. Ahorrar en comida es una trampa que conduce a la desnutrición y a mayores gastos médicos, mientras que la ropa nueva se vuelve un lujo inalcanzable.
El factor determinante es la vivienda. Si no se posee una casa propia y se debe pagar alquiler, esos 125.000 yenes son insuficientes para cubrir un techo y comer. Con una esperanza de vida masculina de 81 años, plantearse 16 años de vejez sin ahorros y bajo la filosofía de «no trabajar» es una apuesta de altísimo riesgo. La recomendación de los expertos es dura pero honesta: trabajar mientras la salud lo permita es la única vía para evitar una década y media de pobreza sistémica. (RI/AG/International Press)
Descubre más desde International Press - Noticias de Japón en español
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.









