El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó hoy su ofensiva económica contra el gobierno de Cuba mediante una medida drástica de alcance global. El mandatario firmó una orden ejecutiva que impone aranceles punitivos inmediatos a las importaciones provenientes de cualquier país que continúe suministrando petróleo o productos derivados a la isla, cerrando aún más el cerco financiero sobre el régimen de La Habana.
La Casa Blanca fue contundente en su comunicado oficial al justificar la decisión. Trump declaró que el gobierno cubano sigue representando una «amenaza para la seguridad nacional» de Estados Unidos y lanzó un ultimátum a la comunidad internacional. «No permitiremos que naciones extranjeras apoyen a este régimen proporcionándole recursos energéticos vitales», sentenció el presidente en el texto del decreto.
La advertencia establece un cambio radical en la política de sanciones. A partir de ahora, cualquier Estado que envíe crudo a La Habana enfrentará «consecuencias económicas» directas, materializadas en nuevas tarifas a sus propios productos al intentar ingresar al mercado estadounidense. Washington busca cortar de raíz el salvavidas energético que mantiene a flote a la isla.
Para ejecutar la orden, Trump instruyó al Departamento de Comercio y al Departamento del Tesoro que diseñen de inmediato un mecanismo para identificar a los infractores y fijar las tasas arancelarias. La administración subrayó que estas restricciones se aplicarán «sin excepciones», lo que coloca en una posición delicada a socios comerciales que mantienen lazos con Cuba.
La medida llega en un momento de asfixia crítica para el sistema energético cubano. Según reportes del Financial Times, las reservas de combustible en la isla están en niveles de emergencia, con suministros suficientes para apenas 15 o 20 días bajo los actuales ritmos de consumo y extracción local.
El aislamiento de La Habana se ha profundizado aceleradamente. El propio Trump aseguró esta semana que «Cuba colapsará pronto», destacando que Venezuela, otrora su principal mecenas, ha dejado de enviar petróleo y dinero. Los datos de la consultora Kpler confirman esta sequía: desde el inicio de 2026, Cuba ha recibido apenas un único cargamento de petróleo procedente de México, con un volumen modesto de 85.000 barriles.
La infraestructura de la isla pende de un hilo. Según Reuters, la red eléctrica cubana depende de plantas generadoras obsoletas que requieren combustible constante de proveedores como Venezuela, Rusia y México. Con la nueva orden de la Casa Blanca, estos países deberán elegir entre abastecer a Cuba o proteger su acceso comercial a los Estados Unidos. (RI/AG/IP/)
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