El Nihon Fact-check Center (JFC) —la principal organización independiente de verificación de datos en Japón— anunció una «rectificación» o Tekkai en su veredicto sobre la información de la criminalidad extranjera. Tras calificar inicialmente como «engañosas» las alertas sobre el aumento de delitos en su informe de julio de 2025, el organismo retiró el término esta semana y admitió que omitió datos críticos de 2024.
Esta rectificación reconoce que el volumen de detenciones de delincuentes extranjeros había alcanzado niveles similares a los de 2010 y 2011, obligando a un análisis más profundo sobre los responsables de estos actos.
EL 68% DE LOS DELITOS SON ROBOS
Sin embargo, el análisis técnico revela que este aumento no se debe a una explosión de violencia, sino a una tendencia específica: el Setto (robo común). Los delitos contra la propiedad representan casi el 68 % de los casos, lo que explica por qué las cifras totales han vuelto a picos históricos. No se trata de un aumento en asesinatos o robos con violencia, sino de una saturación de hurtos que afecta directamente a la estadística general de seguridad.
Un punto fundamental para entender esta realidad es la distinción entre quién comete estos delitos. Los datos sugieren que el repunte no tiene su origen en la población de extranjeros residentes —aquellos que viven, trabajan y estudian a largo plazo en el archipiélago—, sino en grupos de visitantes temporales o bandas de turistas, muchas de ellas asiáticas.
Mientras que la comunidad residente se mantiene bajo un control social más estricto y una integración laboral creciente, el flujo masivo de más de 34 millones de turistas en 2024 trajo consigo un aumento en delitos de oportunidad cometidos por personas de paso, quienes a menudo no figuran en las tasas de criminalidad calculadas exclusivamente sobre la población residente.
CRIMEN REAL VS SEGURIDAD PERCIBIDA
Por su parte, la especialista Naoko Hashimoto, de la International Christian University (ICU) —una de las universidades bilingües de mayor prestigio académico en Japón—, diferencia la criminalidad real de la Taikan Chian o seguridad percibida. Hashimoto sostiene que la irritación ante el incumplimiento de normas sociales implícitas suele mezclarse con el miedo al crimen.
Para la experta, el hecho de que un extranjero no guarde silencio en el tren o no respete una fila genera una sensación de caos que el público interpreta como peligrosidad, aunque los delitos graves no hayan mostrado un crecimiento explosivo.
Al aclarar que el aumento se concentra en delitos de robo y en sectores de visitantes de corta duración o turistas, se logra una visión más precisa: Japón no enfrenta una crisis de convivencia con sus residentes extranjeros, sino un desafío logístico y de vigilancia ante la delincuencia internacional que llega al país bajo el amparo del turismo masivo. Entender estos detalles ayudará a las autoridades a definir mejor su estrategia de respuesta.
COMPARACIONES MÁS PRECISAS
En otro punto en discusión son las cifras que afirman que los extranjeros delinquen 1,72 veces más que los japoneses. El experto en criminología Tsushima Masahiro, de la Ryukoku Daigaku, aporta un matiz esencial. Tsushima explica que el dato policial no considera la edad ni el sexo. La población extranjera en Japón, por influencia de vietnamitas, nepaleses y otras del sudeste asiático, está formada principalmente por hombres jóvenes, un grupo con mayor tendencia estadística al delito.
Al ajustar los datos por estas variables, la cifra real desciende a 1,36 veces, evidenciando que la comparación directa con la envejecida población japonesa suele ser estadísticamente injusta. (RI/International Press)
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