
El desmantelamiento de una gran red de narcotráfico el pasado noviembre ha sacudido los cimientos de la seguridad en Japón. Una operación conjunta de las prefecturas de Kanagawa, Shizuoka y Aichi logró desarticular una organización de origen iraní que operaba desde un recinto vallado de alta seguridad en una zona rural de Fuji. Este lugar, una especie de «búnker logístico» oculto tras muros elevados en medio de campos de cultivo, servía como centro de producción masiva.
Lo que más ha impactado a los investigadores es la metamorfosis de estos grupos: han pasado de ser aquellos vendedores de tarjetas telefónicas alteradas en el Parque Ueno a convertirse en una élite profesional dedicada a la fabricación clandestina y al comercio mayorista.
En el operativo se confiscaron cerca de 50.000 Shabu-dama (pastillas de metanfetamina) moldeadas con las caras de personajes como Spider-Man o Mario Bross. Junto a estas dosis, diseñadas cruelmente para parecer simples caramelos y reducir la resistencia al consumo, se hallaron 40 kilos de metanfetamina, 10 kilos de opio y cientos de frascos de cannabis líquido.
UN GRUPO MAFIOSO MUY SOFISTICADO
Este grupo, técnicamente una IDTO (Iranian Drug Trafficking Organization), operaba con una sofisticación técnica que no se veía en el país desde hace más de dos décadas, dominando todo el proceso desde el contrabando de materia prima hasta la distribución masiva.
La realidad en las calles de Shinjuku confirma el éxito de esta estrategia criminal. Entrevistas realizadas a jóvenes de la zona revelan una tendencia alarmante: muchas mujeres adolescentes creen estar consumiendo MDMA (conocido popularmente como «Molly»), cuando en realidad las pastillas están saturadas de componentes de Shabu (metanfetamina) o ketamina. Esta confusión es deliberada por parte de las mafias iraníes para generar una adicción más profunda y rápida. El uso de personajes de videojuegos y logos de marcas de lujo busca que el usuario pierda la conciencia de estar consumiendo una droga dura, integrando el narcótico en un estilo de vida aparentemente «pop» o inofensivo.
Harumi Seto, exdirector del Departamento de Control de Narcóticos, explica que este nuevo modelo de organización ha roto los esquemas tradicionales. En los años 90, los traficantes iraníes revolucionaron el mercado siendo amables, puntuales y ofreciendo «ofertas» como regalar una bolsa por cada cinco compradas. Esa falsa imagen de «vendedor gentil» permitió que incluso personas famosas y estudiantes se acercaran a ellos sin el miedo que inspiraba la Yakuza. Hoy, esa herencia de servicio al cliente se ha fusionado con una infraestructura industrial, creando un sistema de distribución imparable que está inundando Japón de sustancias de alta pureza bajo una fachada infantil y colorida. (RI/AG/IP/)
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