El tejido empresarial japonés enfrenta una crisis de sostenibilidad sin precedentes. Según datos recientes de Teikoku Databank, las quiebras provocadas por la escasez de mano de obra alcanzaron las 427 incidencias en 2025, marcando la primera vez en la historia que se supera la barrera de los 400 casos anuales. Esta cifra representa un incremento del 24,9% respecto al año anterior y encadena tres años consecutivos rompiendo récords de cierres forzados por la imposibilidad de contratar, la fuga de empleados o el aumento insostenible de los costos salariales.
La construcción se sitúa en el epicentro de esta tormenta, registrando 113 quiebras y superando por primera vez el centenar de casos. El sector logístico no se queda atrás con 52 cierres, afectado por las nuevas restricciones a las horas extras implementadas desde abril de 2024. Otras industrias que dependen intensamente de la fuerza de trabajo, como el cuidado de ancianos, la seguridad y el sector de la belleza, también han mostrado una tendencia al alza, evidenciando que el sistema laboral actual está operando bajo una presión extrema.
PEQUEÑAS EMPRESAS LO PASAN PEOR
El impacto de este fenómeno es especialmente cruel con los negocios más vulnerables. El 77% de las quiebras totales corresponden a microempresas con menos de 10 empleados. En estas estructuras, la renuncia de un solo trabajador puede desestabilizar toda la operación y llevar al cese de actividades. Para mitigar esta situación, el gobierno ha incluido en su reforma fiscal un aumento del límite de ingresos exentos de impuestos para cónyuges, elevando el techo de 1,03 a 1,60 millones de yenes este año, con una proyección de 1,78 millones yenes para 2026.
Este cambio busca incentivar que los trabajadores a tiempo parcial aumenten sus horas laborales sin temor a perder beneficios fiscales, lo que podría aliviar la escasez. Sin embargo, el panorama se complica con la escalada de los sueldos. En las negociaciones del Shunto de 2025, las grandes empresas pactaron un aumento salarial del 5,52%, una cifra histórica que se espera mantener en 2026 debido a la inflación. El gran temor es que las pequeñas empresas que no puedan igualar estos salarios terminen desapareciendo por la «incapacidad de pago».
DESAFÍO ESTRUCTURAL DE 2026
La preocupación empresarial es palpable y generalizada. En una encuesta sobre las perspectivas económicas para 2026, el 44,5% de las compañías identificó la falta de personal como su mayor amenaza, mientras que el 37% señaló que la solución a este déficit es la política más urgente para la recuperación del país. La escasez de mano de obra ya no es solo un problema operativo, sino que se ha consolidado como el segundo obstáculo más importante para el crecimiento económico nacional según los directivos.
A pesar de los esfuerzos por reformar el sistema fiscal y fomentar la inmigración, se prevé que las quiebras por falta de personal se mantengan en niveles críticos durante el futuro próximo. La brecha entre las grandes corporaciones, capaces de absorber los costos salariales, y los pequeños comercios locales se está ensanchando peligrosamente. (RI/AG/IP/)
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