«Ten por seguro que, en este mundo, no todas las personas son buenas». Con esta frase directa y cargada de realismo, la Policía de la Prefectura de Fukushima ha lanzado una campaña de concienciación única para combatir el alarmante incremento de las estafas telefónicas y de identidad. Utilizando un formato tradicional conocido como Oyaji no Kogoto (los regaños del padre), las autoridades buscan sacudir la conciencia de los ciudadanos mediante una serie de preceptos crudos y directos que se colocarán en comisarías y espacios públicos de toda la región.
El concepto original de Oyaji no Kogoto tiene sus raíces en el templo Daisho-ji, en la ciudad de Namie. En 1928, el monje Aota Gyosen redactó 45 máximas de vida para su familia, con consejos como «no malgastes el fuego» o «mantén un buen humor por las mañanas». Tras la guerra, estos preceptos se popularizaron en todo Japón como una brújula moral. Ahora, con el permiso de los herederos, la policía ha adaptado este legado cultural para crear una «versión de prevención del delito» que utiliza un tono severo y paternal para advertir sobre los peligros modernos.
La urgencia de esta medida responde a cifras escalofriantes. Según la Sección de Planificación de Seguridad de Vida, hasta noviembre del año pasado se registraron 182 casos de estafas por suplantación de identidad en la prefectura, lo que representa un aumento del 67% respecto al año anterior. Lo más alarmante es el daño económico: las pérdidas alcanzaron aproximadamente los 1.160 millones de yenes (unos 7,3 millones de dólares), un incremento devastador del 209%. «Entiende que el fraude está aumentando» y «No pienses que solo los ancianos son víctimas» son algunos de los nuevos «regaños» que buscan romper la complacencia de la población.
Con esta iniciativa, la Policía de Fukushima no solo apela a la vigilancia, sino a una desconfianza saludable que proteja el patrimonio de las familias. Al adoptar la voz del «padre regañón», las autoridades esperan que estos mensajes calen más hondo que los folletos convencionales. En un momento donde los delincuentes perfeccionan sus tácticas, recordar las sabias e implacables palabras podría ser la última línea de defensa para evitar que más ciudadanos caigan en las redes del engaño. (RI/AG/IP/)
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