El Municipio de Nanmoku-mura, en Gunma, gestionará ante el gobierno central de Japón una propuesta inédita para incorporar a jóvenes del distrito peruano de Belén (Iquitos) mediante el Cuerpo de Cooperación para la Revitalización Local (Chiiki Okoshi Kyoryokutai), el programa que busca salvar la economía y la despoblación del pueblo.
El plan del alcalde Seijo Hasegawa (73), busca contratar formalmente a los peruanos como empleados públicos contratados por año fiscal (kaikei nendo ninyo shokuin), descartando esquemas laborales rotativos o con visados de habilidades específicas (tokutei gino) para asegurar su arraigo definitivo en el municipio con el mayor índice de envejecimiento demográfico de Japón.
UNA PROPUESTA INÉDITA ANTE EL ESTADO
Aunque Nanmoku ya contó previamente con una cooperante húngara dentro del Kyoryokutai local —quien tras culminar su labor se afincó en el pueblo y emprendió junto a su esposo japonés una procesadora de carne de ciervo—, el esquema planteado con Perú carece de precedentes administrativos en el país.
El programa estatal está concebido tradicionalmente para trasladar a residentes desde urbes japonesas hacia zonas rurales, por lo que reclutar jóvenes directamente en el extranjero como personal cuasi público (jun-komuin) exige sortear un vacío normativo de la Agencia de Inmigración.
En rueda de prensa, el alcalde reconoció con franqueza que su administración no tiene facultades para emitir visados y que la viabilidad del proyecto dependerá de su negociación directa con los ministerios en Tokio.
“El mayor obstáculo es el estatus de residencia (zairyu shikaku), cuánto tiempo les permitirán quedarse. Para comprobar si el Estado piensa igual que yo, iniciaré conversaciones con el gobierno central. Aún no sabemos si nos dirán que esto tiene problemas o si directamente nos dirán que no”, manifestó.
Hasegawa admitió además que no sigue el modelo de ningún otro municipio: “No es que esté tomando como referencia el caso de alguien, simplemente impulsaré la propuesta”.

ORIGEN DEL ACUERDO Y CRÍTICAS EN LA ASAMBLEA
Hasegawa aclaró que la llegada de mano de obra no formaba parte de los objetivos iniciales del Acuerdo de Hermanamiento suscrito entre ambos pueblos en noviembre de 2025, sino que surgió de forma fortuita. Tras coordinar con la Asociación Peruano Japonesa para encontrar localidades interesadas en proyectos culturales y educativos, Belén fue la única que levantó la mano.
La opción laboral se abrió durante la visita del burgomaestre a territorio peruano: “Ellos me comentaron que tenían mucha gente joven desocupada y preguntaron qué opciones de trabajo existían aquí. No fue un plan preconcebido, surgió de manera casual”.
A su regreso a Japón, el informe del viaje desató tensiones en la asamblea municipal. Hasegawa dijo que expuso con honestidad los problemas de seguridad ciudadana en Belén, desatando severas críticas de los concejales: “Me atacaron con dureza preguntándome cómo se me ocurría enviar a niños japoneses de intercambio a un lugar tan inseguro”.
Asimismo, los concejales cuestionaron por qué acudir a Perú en lugar de buscar mano de obra en naciones asiáticas más próximas como Vietnam. El alcalde defendió su postura: “Asia ya tocó techo. La brecha salarial prácticamente desapareció y Japón está perdiendo competitividad, ya no es un destino atractivo para ellos. En Belén, el sueldo de un trabajador oscila entre 30.000 y 50.000 yenes al mes, lo que hace viable la propuesta”.

«QUEREMOS QUE SE QUEDEN AQUÍ»
La iniciativa municipal rompe deliberadamente con los métodos utilizados por residencias de ancianos de Japón, que contratan personal de Filipinas o Vietnam bajo esquemas combinados de estudio y trabajo que no les permiten titularse antes de ser devueltos a sus países en plazos de uno a tres años.
“No somos una empresa de ese tipo; no queremos traer a alguien de cualquier sitio para salir del paso un solo año con engaños. Apuntamos a que se queden aquí al menos cinco o diez años, o que incluso formen familias con gente local”, aseveró Hasegawa.
El plan para Belén proyecta recibir a tres cooperantes por año hasta completar un contingente de nueve en un trienio. Aunque las dos delegadas peruanas llegaron inicialmente como emisarias para evaluar las labores y organizar las pruebas de selección en Iquitos, ambas pidieron ser las primeras postulantes tras conocer el pueblo.
“Piensan que el lugar es mucho mejor de lo que imaginaban y nos dijeron: ‘queremos venir nosotras’. Pidieron que definamos el plan antes de diciembre para tramitar su renuncia laboral en la fundación donde trabajan”, narró el alcalde.
Bajo la condición de empleados públicos temporales, los jóvenes percibirán sueldos equivalentes o superiores a los funcionarios del municipio y trabajarán bajo el principio de «misión libre» (furi misshon).
Este esquema no les impondrá funciones rígidas, sino que les permitirá emprender proyectos propios en agricultura, servicios o gastronomía según su vocación, tal como ocurrió con la cooperante europea a quien la comuna respaldó para que eligiera su propio rumbo laboral.
INTEGRACIÓN SOCIAL Y EL IDIOMA JAPONÉS
La iniciativa migratoria del alcalde despertó inquietud entre los vecinos del pueblo por el temor a la delincuencia, influenciados por informaciones sobre los extranjeros publicados en la prensa japonesa. Para contrarrestar estos prejuicios, Hasegawa apeló al ejemplo de la cooperante húngara: “El dinero no arregla esto, lo decisivo es la persona. Cuando los vecinos ven a un extranjero esforzarse de verdad, depositan su confianza en él”.
En el plano lingüístico, la alcaldía descartó convenios con entidades académicas como la Universidad Purts (Patsu Daigaku) de Numata por la imposibilidad de que los jóvenes realicen trayectos diarios por carretera montañosa. La administración optará por contratar a un intérprete exclusivo durante los tres años de estadía para que conviva con ellos y les dedique media jornada al aprendizaje intensivo del idioma japonés.
COLAPSO EN TRANSPORTE Y COMERCIO LOCAL
La escasez extrema de mano de obra amenaza la supervivencia de Nanmoku. El servicio de transporte público y taxis comunales —delegado a operadores privados— funciona con apenas seis o siete chóferes que superan los 75 años. Hasegawa advirtió que el transporte desaparecerá en menos de una década si no se incorporan conductores jóvenes.
El vacío alcanza también al comercio tras el cierre de los dos únicos supermercados móviles que abastecían a ancianos en áreas aisladas, cuyos conductores enfermaron o fallecieron.
Para retener parte de los 2.200 millones de yenes que ingresan a la localidad por sueldos y pensiones —de los cuales el 80 % se gasta fuera del municipio—, el municipio emite vales de compra comunales con 200 % de beneficio (se pagan 20.000 yenes y se reciben 40.000) y subsidia 400 litros de queroseno y arroz por vivienda.
La meta final de Hasegawa es abrir un supermercado municipal con hasta 20 trabajadores contratados formalmente. (RI/International Press)
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