La 51.ª elección de la Cámara de Diputados ha terminado con un resultado sísmico. El Partido Liberal Democrático (Jiminto) ha logrado una victoria histórica, asegurando por sí solo una mayoría absoluta en el parlamento japonés.
Bajo el liderazgo de la primera ministra Sanae Takaichi, el oficialismo ha cruzado una línea crítica obteniendo 316 escaños, superando la barrera de los 310 que representan dos tercios de la cámara.
Este dominio numérico otorga a Takaichi un cheque en blanco legislativo. Con el control total, la Primera Ministra ha declarado que este mandato popular valida su política de «hacienda activa responsable» para transformar la economía nacional.
La coalición gobernante es ahora una fuerza imparable. Sumando los 36 escaños del Nippon Ishin no Kai, el bloque conservador alcanza un total de 350 diputados, redibujando por completo el mapa político del archipiélago por los próximos años.
DERROTA HUMILLANTE
En la orilla opuesta, la estrategia de la oposición ha colapsado. La «Alianza de Reforma Centrista» (Chudo), formada por el Rikken Minshuto y Komeito, ha sufrido una derrota humillante, cayendo a mínimos históricos.
Los datos finales son desoladores para sus aspiraciones. El bloque Chudo apenas ha logrado retener 46 escaños, perdiendo más de cien diputados respecto a su fuerza anterior y quedando irrelevante ante la maquinaria del gobierno.
El resto del espectro político muestra una fragmentación notable. El Partido Democrático para el Pueblo (Kokumin Minshuto) resiste con 27 escaños, mientras que el Partido Comunista (Kyosanto) se hunde en la irrelevancia con solo 3 representantes.
Nuevas fuerzas han logrado entrar al parlamento en medio del caos opositor. El partido Sanseito ha sorprendido obteniendo 14 escaños, seguido por la agrupación Mirai con 10 diputados, marcando el inicio de una nueva era política. (RI/International Press)
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