
Toyota Motor Corporation, el gigante automotriz mundial, ha elegido a un experto en números para navegar la tormenta. Kenta Kon, actual oficial ejecutivo de 57 años, ha sido designado como el próximo presidente de la compañía con una misión clara: imponer disciplina financiera.
El nombramiento marca un retorno al pragmatismo en medio de una era de transformación incierta. En su primera conferencia de prensa esta tarde, Kon evocó la figura histórica de Taizo Ishida, el legendario «gran administrador» que sostuvo a la empresa en sus tiempos fundacionales.
Kon reveló que su nombre surgió en una reciente conversación con el presidente de la junta, Akio Toyoda. Al igual que Ishida, el nuevo líder promete ser implacable con el desperdicio, asegurando que «no gastará dinero en cosas inútiles», pero invertirá con audacia en los sueños necesarios para el futuro.
Su filosofía de gestión se basa en la resistencia pura. El próximo presidente declaró su intención de reducir el punto de equilibrio financiero para que Toyota pueda «mantenerse firme incluso en los malos momentos». Se autodefinió como alguien «obsesionado con los números y las ganancias».
Este enfoque contrasta con el de su predecesor, Koji Sato, quien provenía de la ingeniería. Kon, un veterano de la contabilidad que sirvió como secretario de Akio Toyoda durante ocho años, trae un estilo más silencioso pero directo, ideal para acelerar la toma de decisiones.
El contexto global exige esta rigurosidad. La industria enfrenta costos masivos por la electrificación y la conducción autónoma, sumados a las amenazas de aranceles de la administración Trump y la lucha por los recursos naturales. Toyota busca volver a sus orígenes de eficiencia de costos.
Mientras tanto, el actual presidente Koji Sato dejará el cargo tras solo tres años, un mandato inusualmente breve. A partir del 1 de abril, pasará a ser vicepresidente y asumirá el nuevo rol de Chief Industry Officer (CIO), enfocándose en alianzas gremiales y la diplomacia industrial.
En el plano financiero, la empresa ha elevado su previsión de beneficio operativo a 3,8 billones de yenes (unos 25.300 millones de dólares), ayudada por la debilidad del yen. Sin embargo, esta cifra sigue siendo un 21% menor que el año anterior y no alcanza las expectativas de los analistas, lo que justifica la urgencia del cambio de timón. (RI/AG/IP/)
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