En las aulas de primaria de Japón, una realidad silenciosa cobra fuerza: aproximadamente uno o dos alumnos por clase dedican su día a día a tareas que corresponden a los adultos. Bajo el término Young Carer (Jóvenes Cuidadores), el Gobierno identifica a niños y adolescentes que asumen de forma rutinaria el cuidado de familiares o las tareas del hogar.
Según los últimos estudios de la Kodomo Kateicho (Agencia de Infancia y Familia), el 6,5 % de los alumnos de sexto grado de primaria (shogakko) se encuentran en esta situación, intercambiando el «tiempo de ser niños» —estudiar, jugar o descansar— por una carga de responsabilidad que condiciona su desarrollo. Entre los niños de segundo año de chugakko, la secundaria básica, el índice es de 5,7%.
EL HOGAR FUNCIONA CON ELLOS
Las actividades que desempeñan estos menores son extensas y fundamentales para el funcionamiento de sus hogares. No se trata de una ayuda esporádica, sino de una gestión integral que incluye la preparación de comidas, la limpieza de la casa y el lavado de ropa. En casos de mayor complejidad, los niños asisten a familiares con discapacidades o enfermedades en tareas de higiene personal, como el baño o el uso del sanitario. Además, muchos se encargan del cuidado de hermanos menores o proporcionan un apoyo emocional constante a parientes que requieren vigilancia continua, actuando incluso como intérpretes en familias donde el japonés no es la lengua principal.
La intensidad de estas labores queda reflejada en las cifras de frecuencia y duración. El informe revela que, en todos los niveles educativos, la respuesta predominante es que realizan estos cuidados «casi todos los días». En el caso de los estudiantes de secundaria básica, un 11.6 % dedica siete horas o más al día a estas tareas, una cifra que se dispara hasta el 24.5 % entre los alumnos de bachillerato por correspondencia (Tsushinsei). Esta dedicación extrema suele traducirse en falta de sueño, estrés acumulado y una desconexión progresiva con el entorno escolar y los círculos de amistad.
IDENTIFICAR CASOS PARA DAR ASISTENCIA
El especialista en educación Nanahoshi, con más de 20 años de experiencia en las aulas, aporta una visión clave sobre este fenómeno: el mayor obstáculo para la ayuda es la «normalización». Según el experto, muchos menores consideran que su sacrificio es una obligación natural dentro de la familia y no emiten señales de auxilio claras.
Por ello, subraya que es vital que el entorno detecte los «pequeños cambios», como el cansancio excesivo o el incumplimiento de tareas, para identificar a estos cuidadores que sufren en soledad. Nanahoshi coincide con el informe en que, si bien cuidar de la familia puede forjar el carácter, se convierte en un problema cuando vulnera los derechos fundamentales del niño a formarse y descansar.
Ante este panorama, el Gobierno de Japón ha establecido el periodo entre 2022 y 2024 como una fase intensiva para elevar la conciencia pública sobre el tema, con el objetivo de que al menos el 50 % de los estudiantes de secundaria conozcan el término y sepan dónde acudir. Prefecturas como Kioto han tomado la delantera con la creación del Kioto-fu Young Carer Sogo Shien Center, que ofrece asesoría incluso los sábados para cuidadores y sus familias, además de organizar la comunidad Iroha no Nakamatachi para el intercambio de experiencias entre pares.
En la ciudad de Fukuoka, el enfoque se ha centrado en la asistencia directa mediante el Fukuoka-shi Young Carer Shien Helper Jigyō, un programa que envía ayuda doméstica a los hogares con menores cuidadores para liberarles de las tareas de limpieza o cocina. Por otro lado, la tecnología se ha convertido en una aliada estratégica en Saitama, donde se ha habilitado un canal de consulta a través de LINE, permitiendo que los jóvenes planteen sus dudas de forma gratuita y en un entorno digital que les resulta familiar y seguro.
VISIBILIZACIÓN SOCIAL
La sociedad civil también ha estructurado espacios de «ayuda mutua» para evitar que el menor se sienta aislado. La NPO Fusen no Kai y la asociación Yancle Community utilizan plataformas de mensajes instantáneos como Slack para conectar a cuidadores de hasta 40 años, permitiendo que compartan consejos y alivio emocional.
Estos espacios son fundamentales para que el joven entienda que «está bien pedir ayuda» y que su situación, aunque compleja, cuenta con una comunidad que la valida y comprende fuera del núcleo familiar. Es decirles que «no están solos».
La concienciación ha llegado incluso al ámbito audiovisual con el cortometraje Hina Hina no Sekai, producido por la asociación Carer Action Network para visibilizar el día a día de estos jóvenes. El mensaje final, respaldado por expertos como Nanahoshi, es que la sociedad debe transitar hacia un modelo donde el niño sea percibido primero como estudiante y sujeto de derechos, y donde el cuidado familiar deje de ser una carga solitaria para convertirse en una responsabilidad compartida y asistida institucionalmente. (RI/International Press)
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