Un fenómeno que destaca en las estadísticas recientes es el incremento de divorcios en parejas japonesas con más de 20 años de convivencia, una tendencia conocida como «divorcio de madurez». Según los datos más actuales del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, este grupo ya representa más del 20 % del total de las rupturas en el país.
Aunque el número total de divorcios en Japón ha ido disminuyendo desde su pico en 2002, la proporción de matrimonios de larga duración que deciden separarse alcanzó un máximo histórico del 21,5 %. Las cifras judiciales de 2024 refuerzan esta realidad, indicando que el 26 % de los casos de relaciones matrimoniales atendidos en los tribunales de familia involucran a parejas con dos décadas o más de vida en común.
La disparidad de género en la iniciativa de estas rupturas es evidente. De los más de 35.000 casos gestionados por tribunales, las peticiones presentadas por mujeres duplican a las de los hombres. Además, las solicitudes de manutención y gastos compartidos son presentadas por esposas en una proporción diez veces mayor que por los esposos. Estos datos subrayan que, a pesar de la voluntad de separarse, la mujer sigue enfrentando una posición de mayor vulnerabilidad económica dentro del marco legal civil japonés.
Las motivaciones para poner fin al vínculo también revelan realidades distintas. Mientras la «incompatibilidad de caracteres» es el motivo principal para ambos sexos, las mujeres sitúan la falta de provisión de gastos básicos y el abuso psicológico como sus siguientes causas de mayor peso. Para los hombres, tras la incompatibilidad, destacan el abuso mental y las relaciones extramatrimoniales. Esta diferencia refleja un malestar acumulado en el ámbito doméstico que las mujeres ya no están dispuestas a tolerar tras años de servicio al hogar.
Expertos legales como la abogada Naoko Hayashi dijo a Mainichi que observa un cambio de mentalidad profundo en las mujeres de mediana y avanzada edad. Bajo lemas como «no puedo esperar a que mi marido muera» o «no quiero morir siendo su esposa», muchas acuden a consulta buscando libertad. El acceso a información mediante teléfonos inteligentes y redes sociales ha permitido que muchas mujeres identifiquen situaciones de injusticia que antes normalizaban. Ya no se resignan a su suerte por dependencia económica, sino que deciden tomar acción para recuperar su autonomía. (RI/AG/IP/)
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