
No fuman, apenas consumen alcohol y mantienen una higiene bucal impecable. Sin embargo, el cáncer de lengua está golpeando con una fuerza inédita a los jóvenes veinteañeros, una generación que hasta ahora se consideraba fuera de peligro. Lo que hace tres décadas era visto exclusivamente como una «enfermedad de hombres mayores», hoy es una amenaza creciente para los veinteañeros modernos.
Datos del Kokuritsu Gan Kenkyu Center (Centro Nacional del Cáncer de Japón) revelan una realidad alarmante: los diagnósticos de cáncer oral en Japón han aumentado diez veces en el último medio siglo. No obstante, el dato más impactante es que el porcentaje de pacientes jóvenes se ha duplicado en apenas 20 años. El riesgo ya no depende solo de los hábitos nocivos, sino de la propia estructura de la boca.
El doctor Masayuki Ando, director de la Ando Shika Clinic, explica que el origen de esta tendencia ha cambiado radicalmente. Mientras los pacientes de antes sufrían el daño químico del tabaco, hoy predomina el estímulo físico constante. La evolución hacia una dieta de alimentos blandos ha provocado que los maxilares actuales sean más pequeños, dejando a la lengua atrapada en un espacio insuficiente.
Un estudio de Tokyo Shika Daigaku (Universidad Dental de Tokio), una institución fundada en 1890, refuerza esta teoría con una estadística contundente: en el 90 % de los casos de cáncer de lengua en jóvenes, se identificó un diente específico como el detonante. Un borde afilado o un molar mal posicionado que roza continuamente el lateral de la lengua puede desencadenar una mutación celular fatal en plena juventud.
La confusión con una simple afta es el mayor enemigo de la detección temprana. A diferencia de una inflamación común, el cáncer de lengua suele presentar bordes difusos y, en sus fases iniciales, apenas provoca dolor. El doctor Ando advierte que si una lesión persiste por más de dos semanas, es imperativo acudir a un especialista en cirugía oral para descartar un tumor.
La clave de la supervivencia para esta nueva generación reside en la autoexploración frente al espejo. Los síntomas incluyen endurecimientos sospechosos, entumecimiento o llagas que no cierran. Prevenir este cáncer en los jóvenes requiere, en muchos casos, corregir la forma de los dientes o recurrir a la ortodoncia para evitar que la lengua sea agredida por su propio entorno dental. (RI/AG/IP/)
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