
La reciente ofensiva militar de Estados Unidos contra Venezuela y la captura de Maduro han colocado a China en una posición financiera extremadamente vulnerable. Durante décadas, Pekín expandió sus intereses económicos en el país sudamericano mediante un esquema de préstamos masivos que ascienden a los 60.000 millones de dólares, equivalentes a unos 9 billones de yenes.
Con la intervención directa de Washington en la política y economía venezolana, expertos internacionales advierten que China enfrenta ahora un riesgo inminente de perder la capacidad de recuperar esta deuda colosal.
La relación estratégica entre ambas naciones se profundizó inicialmente con Chávez en 1999 y continuó bajo el mandato de Maduro, permitiendo a China ganar influencia en el llamado «patio trasero» de Estados Unidos. Estos préstamos se estructuraron bajo un modelo donde el respaldo y la garantía eran los envíos futuros de crudo, aprovechando que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo. Gran parte de estos fondos se destinaron a ambiciosos proyectos de infraestructura que hoy se encuentran en medio de una incertidumbre política total.
Según informes de medios especializados como el South China Morning Post, se estima que la deuda pendiente de pago ronda los 20,000 millones de dólares. El futuro de estos activos depende ahora de la postura que adopte el gobierno provisional de Venezuela, el cual podría cuestionar la legalidad de los préstamos otorgados por China. Existe la posibilidad real de que las nuevas autoridades exijan una reestructuración de la deuda o incluso una condonación parcial, argumentando que los acuerdos carecen de validez institucional bajo el nuevo orden político.
Ante esta amenaza, las autoridades financieras en Pekín han activado protocolos de emergencia. La Administración Nacional de Regulación Financiera de China ha exigido a los grandes bancos estatales informes detallados sobre su exposición al riesgo en Venezuela para evitar un impacto sistémico en su economía interna. Mientras tanto, se prevé que China sustituya el petróleo venezolano por suministros más baratos de Rusia o Irán, dado que, aunque Venezuela envía el 80% de sus exportaciones de crudo a China, estas apenas representan el 4% del total de las importaciones energéticas del gigante asiático. (RI/AG/IP/)
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