Durante el dominio colonial de Corea (1910-45) por parte del imperio japonés, cientos de miles de coreanos migraron a Japón (muchos por la fuerza), donde trabajaron en fábricas y minas.
En 1959, 14 años después de la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial, Corea del Norte impulsó un programa de repatriación de coreanos establecidos en Japón que duró hasta 1984.
Las autoridades japonesas veían como extraños a los coreanos y apoyaron el programa. Se estima que alrededor de 93 mil personas (incluyendo a gente nacida en Japón de padres coreanos) viajaron a Corea del Norte.
Para atraerlos, Corea del Norte les ofrecía educación y salud gratis, empleo, entre otros beneficios. La promesa de un “paraíso en la Tierra” nunca se cumplió, trastocándose en violaciones a los derechos humanos, sufrimientos y privaciones.
Desengañados, hubo quienes hicieron el camino inverso y desertaron a Japón, entre ellos cinco personas que exigen a Corea del Norte una compensación de 100 millones de yenes (879 mil yenes) por persona.
El juicio se desarrolla en el Tribunal de Distrito de Tokio.
Los demandantes no son tan ingenuos como para creer que la dictadura de Kim Jong-un comparezca, y menos que pague una reparación, pero esperan que la demanda siente un precedente.
Una de las demandantes, una coreana de 79 años que nació y se crio en Japón, dijo que si hubieran sabido la vida que los esperaba en Corea del Norte nunca habrían ido. La mujer desertó en 2003, tras vivir recluida 43 años ese país. (International Press)
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