El número de personas de 65 años o más con empleo en Japón alcanzó un récord histórico de 9,43 millones, dentro de un segmento de adultos mayores (koreisha) que también marcó un máximo de 36,24 millones, informó el Ministerio de Asuntos Internos y Comunicaciones. El alza constante del costo de vida y la insuficiencia de las pensiones fuerzan a miles de ancianos a continuar laborando para subsistir.
La señora Mori (79 años, nombre ficticio) cuida a personas con discapacidad en un hogar comunitario. Aunque recibe junto a su esposo de 86 años una pensión mensual combinada de 160.000 yenes, debió volver al empleo tras intentar jubilarse en enero: «Si dejo de trabajar, ya no podré darme ningún lujo, será una vida austera. Casi no podré tener diversiones; sería como vivir apenas con lo justo».
Presionada por el precio de la comida, Mori asumió dos turnos diurnos y una guardia nocturna semanal de 18 horas consecutivas, de 4:00 p.m. a 10:00 a.m., con lo que percibe unos 100.000 yenes al mes: «A partir de los 65 años iba a entrevistas y no me aceptaban. Ya no te contratan para empleos de media jornada. En los cuidados me siguen contratando hasta ahora, y de eso estoy agradecida».
Pese a sufrir dolores lumbares y requerir el auxilio de tres compañeros para mover de la cama a la silla de ruedas a un interno de contextura gruesa, Mori cuenta con el certificado de auxiliar domiciliario de segundo nivel y estudia para la acreditación estatal de cuidados certificados: «Al ver en televisión a abuelas de más de 100 años con tanta vitalidad, pienso que todavía puedo trabajar unos cinco años más».
PENSIONES MÍNIMAS Y EMPLEO PRECARIO
La falta de ingresos también golpea a Tsuyoshi Atsugi (78 años), quien acudió al Centro de Recursos Humanos Plateados de Tokio: «La pensión no alcanza para nada. Por mes son unos 70.000 yenes. Tengo que ganar dinero; no puedo quedarme dependiendo por completo de mi hijo».
Tras perder su puesto de chofer por límite de edad, subsiste con unos 75.000 yenes mensuales y el apoyo de su hijo, quien asume el alquiler. Para reducir gastos, cocina en una olla envuelta en papel periódico dentro del microondas tras averiarse su arrocera.
Pese a buscar ganar 150.000 yenes al mes cantando con guitarra, solo accede a labores menores: «En el centro lo que más ofrecían era limpieza, a 1.300 o 1.500 yenes la hora. Pero la jornada puede terminarse en tres horas; no es casi nada, dos o tres horas. Quisiera que abran más puestos donde las personas mayores podamos trabajar».
ALIMENTOS POR LAS NUBES Y REFRIGERADORES VACÍOS
Con más de 8.000 productos encarecidos en los últimos dos meses, barrios de Tokio como Arakawa entregan vales de compra de 500 yenes a mayores de 75 años.
Para beneficiarios como el señor Sato (79 años, nombre ficticio), exadministrador de supermercado cuya empresa quebró sin pagarle indemnización, la pensión de bienestar de casi 150.000 yenes mensuales resulta insuficiente: «Casi no hay alimentos en el refrigerador. Hay muchos productos que ahora cuestan el doble que antes; da verdadero miedo».
Ante un aumento de 5.000 yenes en su renta y ajustes de pensión de apenas 2.000 o 3.000 yenes bimestrales, Sato concluye: «No alcanza para compensar el alza de precios, para nada. Es durísimo estar al final de la escala». (RI/AG/IP/)
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