Señor de los Milagros de Yamato: integrarse a la multiculturalidad o desaparecer

Devoción por el Señor de los Milagros en Yamato, Kanagawa

En una misa a iglesia llena celebrada este domingo por los 30 años del Señor de los Milagros de Yamato, prefectura de Kanagawa, el padre Ángel Yamanouchi, guía espiritual de la comunidad latinoamericana de la Iglesia Católica de Yamato, advirtió que la devoción más antigua de los peruanos en Japón enfrenta una encrucijada existencial en esa localidad: transmitir el fervor a las nuevas generaciones e integrarse a la realidad multicultural del país, o resignarse a quedar guardada en un depósito y desaparecer.

Sin embargo, en la misma conmemoración, la Hermandad sorprendió al hacer pública la lectura de una profunda autocrítica en la que pidió perdón al sacerdote por los «errores» del pasado y convocó a una reconciliación general para renacer «con humildad y valentía».


 

El padre Ángel Yamanouchi, guía espiritual de los latinoamericanos de la Iglesia de Yamato

MEMORIA DE 1995 Y LAS MIL PARRILLAS

Durante su homilía, el el respetado religioso rememoró su llegada a la diócesis de Yokohama en 1995, cuando el párroco, el padre Alberto, le encomendó la misa en español en Yamato, un hecho que coincidió con la aparición de la Hermandad del Señor de los Milagros en esa iglesia. Al año siguiente se organizó la primera procesión que tuvo un impacto masivo y decisivo en la costumbre religiosa de los peruanos en Japón.


El Padre Ángel rememoró esos momentos con una anécdota culinaria que quedó grabada en la memoria comunitaria. «Me acuerdo cuando dijeron: ‘¿Cómo hacemos con la comida?’. Y la prepararon… Creo que se hicieron 1.000 parrilladas y no se daba abasto», relató.

El sacerdote evocó cómo la preparación de la carne y la congregación de personas ocupaban entre 400 y 500 metros de largo en los exteriores: «La policía daba autorización para la mitad (…), pero siempre se expandía por toda la calle». Aquel espíritu festivo lo enlazó con el constante ir y venir de fieles y pastores durante tres décadas en Yamato: «Algunos se alejaron y volvieron. Yo también soy uno de esos: estuve, me fui a Osaka, regresé… y la coincidencia es que, celebrando estos 30 años, estoy de nuevo acá».

 


El compromiso es trabajar con la nueva generación en Yamato

EL DILEMA GENERACIONAL Y EL RIESGO DE DESAPARECER

El Padre reivindicó a Yamato como la cuna que abrió el camino del Cristo Moreno en Japón —precediendo a Hamamatsu, iniciada hace unos 18 años—, pero interpeló a los fieles sobre el presente: «¿Estamos cerrando una etapa o estamos abriendo algo nuevo? Ahí está la cuestión, ¿no?. ¿Ustedes, qué piensan? ¿Están abriendo o están cerrando?».

El padre Ángel atribuyó las dificultades del relevo de las tradiciones del Señor de los Milagros en Yamato a la falta de apertura: «Hay ciertas cosas que hacen cerrar (etapas), cierto espíritu hace cerrar las cosas y no abre nuevos caminos», dijo el sacerdote y preguntó: «¿En estos 30 años la nueva generación ha recibido (algo de esto)?». La respuesta de muchos fieles resonó en las cuatro esquinas de la iglesia: «no».

«En eso hay que golpearse el pecho —continuó el Padre Ángel— no fuimos capaces de poner este fuego (del Señor de los Milagros) en la nueva generación». Destacó que la segunda generación está en marcha y la tercera asoma, advirtiendo sobre el destino de esta tradición si persiste el aislamiento: «Ya pasaron 30 años de estar en ese ladito. El Señor de los Milagros que no se abre se acaba, y lamentablemente hay lugares donde ya el Señor está en un depósito y no sale, y así vendrá la siguiente imagen que quedará así».

 

30 años del Señor de los Milagros de Japón 2026

INTEGRACIÓN MULTICULTURAL Y EL MODELO DE CHIBA

Para el párroco, la continuidad del culto exige sintonizar con la realidad actual de la Iglesia en Japón y de abrir nuevos caminos en Yamato: «En Japón ya no se habla de la pastoral de extranjeros, se habla de comunidad multicultural, tabunka kyosei. No es Perú solo, no es Brasil solo. Es la integración más allá de la diferencia de cultura, de idioma y de tantas cosas».

El Padre Ángel informó que este año habrán dos lugares en los que se vivirá de manera diferente el Señor de los Milagros: Chofu (Tokio) e Isesaki (Gunma).

Como ejemplo de apertura, citó los preparativos en Chofu, donde las andas peruanas procesionarán junto a imágenes veneradas por otras comunidades migrantes: la Virgen Aparecida de Brasil, el Santo Niño de Filipinas, la Virgen de Caacupé de Paraguay y la Virgen de Naju de Corea. Es para conocernos y enriquecernos mutuamente. Esa es la nueva iglesia aquí en Japón. Por eso hay que salir y hay que compartir. Así como la iglesia en Japón está abriéndose a nuevos caminos, este Señor de los Milagros, si no entra dentro de esa senda, se acaba. (…) Espero que estos 30 años no cierren la historia, sino que comiencen algo nuevo».

 

Misa por los 30 años de la Procesión del Señor de los Milagros de Yamato

AUTOCRÍTICA, PERDÓN Y EL LLAMADO A RENACER

Tras la homilía del Padre Ángel, la Hermandad del Señor de los Milagros de Yamato fijó postura a través de un emotivo discurso centrado en el agradecimiento, el reconocimiento de errores y la reconciliación. El documento fue leído por Luis Kuboyama, su base fue escrita por Félix Takeda y luego revisada y comentada por varios miembros de la comunidad de Yamato, en su gran mayoría peruanos.

El documento agradeció con afecto la entrega de tres décadas del padre Ángel: «Un Padre Ángel con treinta años menos, que en ese entonces aún no tenía canas… y permítanme decir, con mucho cariño, que esas canas se las pusimos nosotros, los latinos, ¡y de forma gratuita! Gracias, Padre Ángel, por su paciencia infinita y por entregarnos su vida».

El mensaje evocó los campamentos de verano y la energía de los niños latinos que sorprendían por su voraz apetito a las colaboradoras japonesas, destacando que aquellos menores son hoy los padres de familia congregados en el templo: «En una sociedad como la japonesa, donde a veces es tan difícil convivir y construir lazos profundos (…) el Señor de los Milagros no solo une fe, sino que une vidas para siempre».

Bajo el epígrafe «La Verdad Desnuda, la Reconciliación y el Renacer» en el documento leído por Kuboyama, la hermandad asumió un severo examen de conciencia: «tenemos que ser valientes para reconocer que cometimos errores, y muchos. Con dolor, hoy debemos mirar al espejo de nuestra historia y aceptar que, en más de una ocasión, dejamos que nuestro ego nos ganase y nos hiciera perder el norte».

Reconocieron haber disputado por aspectos banales y haber caído «en el error de pensar que, a más prendas, más cargos o más insignias, más cerca estábamos del Señor. Nos equivocamos gravemente al creer, en algún momento, que la sagrada imagen era propiedad de algunos, arrogándonos derechos que nadie nos dio, derechos que nosotros mismos inventamos».

Frente a ello, la agrupación exhortó a que este aniversario no sea un acto de orgullo externo, sino «un altar de reconciliación» para «despojarnos de los trajes del orgullo», llamando a cargadores, sahumadoras y cantoras a redescubrirse como servidores humildes sin competencias ni jerarquías.

«Hermanos, volvamos a reconstruir nuestra comunidad. Sanemos las heridas del pasado. Hagamos de nuestra Comunidad en Yamato un lugar cálido, un refugio de fe al que nuestras familias y nuestros hijos deseen asistir con alegría. Que este aniversario sea el punto de partida para que esta comunidad se comprometa, con humildad y valentía, a renacer», concluyeron. (RI/International Press)

 


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