Fukihara, el acoso por mal humor afecta al 75% de trabajadores en Japón

El fukihara deteriora la salud mental de los empleados y reduce la productividad laboral de las empresas.

Cerca del 75% de los trabajadores en Japón convive con jefes o compañeros que practican el «fukihara» (fukigen harasumento o acoso por mal humor), una intimidación cotidiana caracterizada por suspiros audibles, chasquidos de lengua y desdenes que desestabiliza las oficinas y empuja a más de la mitad de los afectados a considerar la renuncia.

Un sondeo de la firma de tercerización Mfuro entre 500 empleados reveló que el 74,6% identifica a infractores de este tipo en sus compañías. Por su parte, la consultora de gestión interna KiteRa precisó que el 45,8% de quienes experimentan estas conductas evaluó abandonar su empleo, cifra que escala al 51,8% cuando las agresiones consisten en ignorar saludos, emitir resoplidos o chasquear la lengua.


El fukihara deteriora la salud mental de los empleados y reduce la productividad laboral de las empresas. Es un gran problema en las oficinas actuales, pero la realidad es que apenas está reconocido.

VACÍO LEGAL FRENTE A OTRAS FORMAS DE ACOSO

Mientras la legislación japonesa sanciona el abuso de poder (pawahara), el acoso sexual (sekuhara), la discriminación por embarazo (matahara), el hostigamiento por licencias de cuidado (ikukaihara) y recientemente obligó a prevenir el abuso de clientes (kasuhara) y aspirantes de empleo (kyushokusha-to harasumento), el fukihara opera al margen de la normativa.


La ley vigente no define el fukihara, y aunque ocurra entre compañeros de rango equivalente, las empresas no tienen la obligación de adoptar medidas. Las compañías ya tienen las manos llenas con el acoso de poder y sexual, por lo que muchos directivos prefieren no asumir el combate al fukihara. Casi no se oye hablar de auditorías internas; la postura real es evitar agitar el avispero.

IMPACTO JUDICIAL Y DIFICULTADES PROBATORIAS

La revista SPA contó que las consecuencias del fenómeno han llegado a instancias extremas. En 2018, un empleado de 24 años asignado a una filial de Tokyo Gas se suicidó tras padecer depresión por el constante mal trato anímico de un superior, hecho ratificado este año como accidente laboral por la justicia nipona.


En noviembre de 2025, un funcionario municipal de Tochigi que causó baja médica por dos meses logró un acuerdo indemnizatorio contra una subordinada que lo hostigaba, debiendo litigar por cuenta propia mediante inteligencia artificial ante la negativa inicial de los letrados.

El abogado laboralista Norimasa Fujiwara admitió la complejidad jurídica: «Dado que el fukihara es un acoso en zona gris, resulta muy difícil recopilar pruebas. Al no haber perspectivas claras de solución ni ser un caso lucrativo, los abogados normalmente evitan tomarlo».

En este asunto Fujiwara dijo que decidió lanzar una advertencia a la infractora: ‘Si continúa con esto, emprenderemos acciones legales’, tras lo cual renunció y el conflicto se resolvió. Pero si realmente hubiéramos ido a juicio, habría sido sumamente complicado; ese era mi verdadero sentir en ese momento».

Ante los vacíos procesales, la mayoría de víctimas continúa obligada al silencio en sus puestos de trabajo. (RI/AG/IP/)


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