Al cumplirse dos años del atropello mortal del estudiante de posgrado Tomoki Tanaka en Otaru, Hokkaido, su madre arremetió contra el sistema judicial de Japón y calificó a los jueces y fiscales como sus verdaderos «enemigos» tras imponer apenas cuatro años y medio de prisión al conductor ebrio que mató a su hijo.
La condena, atenuada bajo el argumento de que el autor mostró arrepentimiento, reabrió el debate sobre la laxitud de las sanciones frente a la conducción bajo los efectos del alcohol.
DOCE HORAS BEBIENDO
La tragedia ocurrió el 22 de septiembre de 2024, cuando Tanaka, residente de Sapporo que preparaba sus entrevistas de inserción laboral, fue embestido por el vehículo de Ryota Osawa. El homicida consumió cerca de 20 vasos de cerveza y licores durante más de 12 horas consecutivas antes de ponerse al volante.
En el juicio, Osawa admitió: “Bebí alcohol en grandes cantidades y conduje de manera irresponsable, provocando la muerte de la víctima”.
Pese a que la fiscalía solicitó cinco años y seis meses de cárcel por conducción peligrosa con resultado de muerte (kiken unten chishizai), el tribunal rebajó el castigo a cuatro años y medio de prisión al valorar su actitud procesal.
La resolución desató la indignación de los progenitores. El padre de la víctima cuestionó la proporcionalidad del código penal: “Si hubiera llevado un arma blanca, el delito sería mucho más grave. Pero en cuanto a matar a una persona, no hay ninguna diferencia. Desconozco la racionalidad de la ley, pero emocionalmente es inadmisible”.
PRECEDENTE NEGATIVO
La madre denunció que el proceso judicial ignoró el padecimiento de los deudos: “Pensaba que las leyes existían para disuadir, pero con un fallo donde parece que ‘con eso basta’, siento que el mundo judicial no tiene intenciones de erradicar el problema”.
Asimismo, cargó contra los magistrados: “Siento que los enemigos son los fiscales y los jueces, aunque tal vez sean palabras que no deba decir. Me duele pensar que el caso de mi hijo quede como un mal precedente y se use de referencia para condenas cortas. Es un fallo que solo hace sufrir a las familias”.
La mujer también criticó la ineficacia del sistema de participación de víctimas en el estrado: “En esa sala estrecha nuestras demandas solo quedaron en un ‘qué triste’ o ‘debió ser duro’. Fue muy frustrante comprobar que la dignidad de mi hijo no estaba protegida”. Lejos de disminuir, las detenciones por conducir bajo la influencia del alcohol en la región alcanzaron 814 casos en 2025, evidenciando el fracaso disuasorio de los castigos actuales. (RI/AG/IP/)
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