
«Auto Mirai Kezoji Yuenchi» renovó su acuerdo de derechos de denominación con Aizawa Corporation a partir del 1 de enero de 2026. Sin embargo, para mí, este parque representa mucho más que una renovación contractual. Representa una parte viva de la historia de la migración nikkei peruana en Japón.
Llegué a Japón desde el Perú cuando tenía ocho años, en plena época del fenómeno dekasegi. A fines de los años 80 y durante los 90, miles de familias peruanas de origen japonés cruzaron el océano impulsadas por la esperanza de un futuro mejor. Nuestros padres trabajaban largas jornadas en fábricas, con el sacrificio silencioso de quienes sostenían dos países con su esfuerzo. Los niños crecimos en medio de ese proceso.
En casa se hablaba español; en la escuela, japonés. Éramos peruanos, nikkei y, al mismo tiempo, extranjeros. Muchos de nosotros cargamos con la sensación de no pertenecer del todo a ningún lado. Esa fue la realidad cotidiana de la generación dekasegi. En medio de esa vida marcada por el trabajo, la adaptación y el cansancio, este parque en Isesaki fue un refugio.
Venir al Kezoji significaba reencontrarnos como familia. Era uno de los pocos espacios donde padres e hijos podían compartir tiempo, reír juntos y sentirse, aunque fuera por unas horas, en casa. Poco a poco, este lugar se convirtió en un punto natural de encuentro para muchas familias peruanas y nikkei.
Hoy, décadas después, ese mismo parque sigue cumpliendo un rol similar. Niños, familias y personas de distintas nacionalidades se reúnen aquí. En sus instalaciones se leen palabras como “bienvenido” y “gracias” escritas en varios idiomas, incluidos los de los países de origen de los residentes extranjeros de Isesaki. Para quienes venimos del Perú —una cultura profundamente marcada por el saludo, la cercanía y el agradecimiento— estos gestos sencillos tienen un valor enorme.
Por mi historia personal, y por la historia colectiva de la migración peruana y nikkei en Japón, decidí asumir los derechos del nombre de este parque. No como una acción simbólica empresarial, sino como una forma de acompañar y cuidar un espacio que ha sido, y sigue siendo, un punto de apoyo silencioso para muchas familias.
Mi deseo es que este parque se convierta cada vez más en un símbolo de la convivencia multicultural, nacido desde la experiencia real de la comunidad dekasegi: una convivencia construida con trabajo, paciencia, respeto y pequeños gestos cotidianos.
Desde Aizawa Corporation continuamos avanzando con esa convicción. Creemos que la verdadera integración no se impone desde arriba, sino que se cultiva en lugares concretos, donde las personas pueden encontrarse, sentirse seguras y reconocidas. Así es como, paso a paso, la historia de la migración peruana en Japón sigue escribiéndose.
(*) Masao Aizawa es presidente de Aizawa Corporation
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