La seguridad vial en Japón enfrenta una crisis estadística que ha encendido las alarmas en el Ministerio de Transporte. Durante el año 2024, el número de accidentes de tránsito provocados por conductores extranjeros alcanzó los 7.286 casos, una cifra que representa un incremento de 2,7 veces en comparación con la última década. Este fenómeno ha puesto bajo escrutinio el sistema de canje de licencias conocido como Gaimen Kirikae, cuya laxitud histórica ha permitido que conductores sin la formación adecuada en las estrictas normas niponas obtengan un permiso legal de forma alarmantemente sencilla.
Hasta hace poco, el proceso de Gaimen Kirikae destacaba por una preocupante falta de rigor: el examen de conocimientos consistía en apenas 10 preguntas de verdadero o falso, con una tasa de aprobación del 90%. Además, la normativa permitía registrar la dirección de un hotel para la solicitud, facilitando que turistas obtuvieran licencias japonesas permanentes. Ante esta vulnerabilidad, desde octubre de 2025 se ha impuesto una reforma estricta que eleva el examen a 50 preguntas y exige obligatoriamente el certificado de residencia o Juminhyo, eliminando la posibilidad de usar domicilios transitorios o turísticos.
La problemática trasciende lo administrativo y entra en el terreno de las costumbres de conducción y la percepción del riesgo. Según Hirotaka Yamashita, presidente de la NPO Hojin Unten Jiko Boshi Suishin Kyogikai (NPO para la Promoción de la Prevención de Accidentes de Conducción) con sede en Kobe, existe un choque cultural profundo.
CHOCAR PARA APARCAR ES DELITO
Prácticas como usar el parachoques para empujar otros coches al aparcar, comunes en otras latitudes, constituyen en Japón el delito de Atenige. Este término define el acto de chocar contra un objeto o vehículo y huir de la escena sin reportarlo a la policía; lo que en otros países es un roce menor, en Japón es un crimen que conlleva la suspensión de la licencia y antecedentes penales.
Para el conductor local, el riesgo de colisionar con un extranjero implica desafíos críticos que agravan el perjuicio. La barrera del idioma, el riesgo de fuga del país para evadir responsabilidades y, fundamentalmente, la falta de seguro son factores de alta peligrosidad financiera. Muchos conductores extranjeros operan sin entender el sistema de seguros japonés (Jibaiseki Hoken), careciendo de capacidad de pago ante indemnizaciones. Aunque la víctima cuente con seguro propio, las compensaciones finales suelen ser menores a las que se obtendrían de un contraparte japonés asegurado, generando una pérdida económica neta e injusta para el afectado.
Ante este escenario, la recomendación de expertos y autoridades es contundente: la sociedad japonesa debe elevar sus niveles de conducción defensiva ante un entorno vial que ha cambiado drásticamente. Mientras la NPO en mención y otras instituciones intensifican la educación de los conductores extranjeros para que comprendan que en Japón la norma vial es sagrada, el gobierno confía en que el nuevo marco legal de 2025 logre restaurar la disciplina y la seguridad en las carreteras del archipiélago. (RI/AG/IP/)
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