La Corte Suprema de Japón ha ratificado la pena de 18 años de prisión para Kazuho Ishibashi, de 34 años, cerrando un caso que marcó un antes y un después en la aplicación de la ley vial nipona. Con esta decisión, el tribunal desestima el último recurso del acusado y confirma su culpabilidad por el delito de Conducción Agresiva con Resultado de Muerte y Lesiones, tras provocar un accidente mortal mediante el hostigamiento y conducción violenta conocido como aori unten.
Los hechos se remontan a la noche del 5 de junio de 2017, en la autopista Tomei, a la altura de Oi, en la prefectura de Kanagawa. Tras ser recriminado por su forma de aparcar en un área de servicio por Yoshihisa Hagiyama, de 45 años, Ishibashi reaccionó con una furia desmedida. El acusado persiguió al vehículo de la familia Hagiyama realizando maniobras de hostigamiento extremas hasta obligarlos a detenerse en pleno carril de circulación de la autopista.
Segundos después de la detención forzada, un camión que circulaba por detrás no pudo evitar el impacto y colisionó violentamente contra el coche familiar. El choque resultó fatal para Hagiyama y su esposa, Yuka, de 39 años, quienes murieron en el acto. Las dos hijas del matrimonio, que también viajaban en el vehículo, sobrevivieron al impacto pero resultaron heridas, cargando con el trauma de presenciar la muerte de sus padres.
ISHIBASHI SE CREÍA INOCENTE
A lo largo del complejo proceso judicial, el núcleo de la disputa fue si el delito de Conducción Agresiva con Resultado de Muerte y Lesiones era aplicable al caso. La defensa argumentaba la inocencia del acusado bajo la premisa de que no existía una relación de causalidad directa entre su conducción y el choque del camión, alegando además que la ley vigente en aquel momento no contemplaba accidentes ocurridos tras la detención de los vehículos.
La justicia japonesa, sin embargo, ha mantenido un criterio firme a través de las diversas instancias. Aunque el Tribunal de Distrito de Yokohama dictó la primera sentencia en 2018 y esta fue anulada posteriormente por problemas de procedimiento, el nuevo juicio ratificó la pena original. El sistema judicial ha determinado finalmente que el acoso de Ishibashi fue el detonante directo e inevitable de la tragedia, validando la aplicación de cargos por conducción peligrosa.
Este trágico suceso marcó un antes y un después en la legislación nipona. El dolor causado a la familia Hagiyama impulsó reformas urgentes en la Ley de Circulación Vial y en las leyes de castigo por conducción de vehículos a motor, endureciendo drásticamente las penas contra el acoso al volante. Con la desestimación del último recurso por parte del juez Ryousuke Yasunami, se cierra un capítulo legal que transformó la seguridad en las carreteras de Japón. (RI/AG/IP/)
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