«Extranjeros igual a delincuencia» es un error que ignora la realidad de Japón

Agencia de Inmigración de Japón

En un Japón donde la población extranjera no deja de crecer, el discurso de odio y el rechazo migratorio se propagan como un incendio. Saul J. Takahashi, profesor de la Universidad de Nueva York en Abu Dabi, denuncia que este miedo al cambio es, en realidad, un síntoma de inseguridad propia. «Muchos temen un ‘reemplazo étnico’ que borre su identidad, pero ¿es la cultura japonesa tan frágil como para desmoronarse por recibir a otros?», cuestiona el experto ante la ola de prejuicios que asola al país.

Esta corriente excluyente ha moldeado el mapa político actual. En las elecciones de 2025, el partido Sanseito ganó apoyo masivo cuestionando la acogida de extranjeros, lo que empujó al gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi a endurecer las reglas de residencia para 2026.


En un análisis para la revista President, Takahashi, afirma que esta política no se basa en la realidad, sino en una peligrosa mezcla de desinformación y nostalgia por un pasado idealizado que impide ver que, sin inmigración, Japón simplemente dejará de existir.

EL MITO DEL «EXTRANJERO CRIMINAL»

El argumento de que «más extranjeros significa más delincuencia» es, estadísticamente, una mentira. Aunque el discurso social lo repite de forma incesante, el Libro Blanco sobre el Crimen muestra que la delincuencia extranjera está en descenso. De hecho, la tasa de detenciones entre residentes de larga duración es del 0,1%, una cifra inferior a la de los propios ciudadanos japoneses.


El estigma se dirige selectivamente hacia personas de Asia o de piel oscura, revelando un racismo latente que ignora que el inmigrante tiene el mayor incentivo del mundo para ser honrado: no perder su derecho a permanecer en el país.

El experto alerta sobre la importación de teorías de conspiración occidentales que afirman que los medios o las élites «protegen» a los extranjeros mientras discriminan a los locales. Esta retórica ya ha causado tragedias, como los disturbios en el Reino Unido en 2024 tras la difusión de noticias falsas sobre un ataque.

En Japón, el enfoque gubernamental en el «incumplimiento de reglas» —desde el ruido hasta la basura— a menudo busca castigar en el extranjero lo que en un japonés se considera una simple molestia, alimentando la idea de que la presencia del «otro» es intrínsecamente inaceptable.


LA EXCLUSIÓN ES UN SUICIDIO DEMOGRÁFICO

La ironía más amarga es que el nacionalismo extremo está guiando a Japón hacia su propia destrucción. Con una natalidad bajo mínimos desde hace 50 años, el país sufre una escasez de trabajadores que ya es crítica. Takahashi sostiene que la única vía de supervivencia es atraer y acoger a inmigrantes de forma masiva.

La historia de la humanidad es la historia de la migración; las sociedades avanzan cuando las culturas se fusionan y se transforman, no cuando se aíslan por miedo.

El destino de la nación depende de superar el pavor a que el «Nippon» imaginado cambie. Japón ha demostrado históricamente una capacidad asombrosa para absorber influencias externas manteniendo su esencia única. Cerrar las fronteras bajo el pretexto de proteger la seguridad o la cultura no solo es un error basado en datos falsos, sino que garantiza el colapso económico y social. Para que Japón siga floreciendo, debe aceptar que su futuro está indisolublemente ligado a quienes vienen de fuera para ayudar a construirlo. (RI/AG/IP)


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