
La tensión entre Tokio y Pekín ha entrado en una fase crítica tras el anuncio sorpresa del Ministerio de Comercio de China de prohibir la exportación de materiales de «doble uso» hacia el archipiélago. Esta medida, centrada en las tierras raras —componentes vitales para la alta tecnología—, representa un golpe directo contra el gobierno de la Primera Ministra, Sanae Takaichi. Analistas financieros advierten que, de mantenerse este bloqueo durante un año, Japón enfrentaría una pérdida económica de 2.6 billones de yenes («aproximadamente 16,600 millones de dólares»), lo que provocaría una caída del 0.43% en su Producto Interno Bruto nacional.
El Secretario Jefe del Gabinete, Minoru Kihara, calificó la acción como una práctica internacional inaceptable y extremadamente lamentable. A pesar de la enérgica protesta diplomática y la exigencia de retirada de la medida, el gobierno japonés mantiene una postura cautelosa. Esta prudencia responde a la «lección aprendida» en 2010, cuando un conflicto por las islas Senkaku llevó a China a restringir estos minerales, dejando en evidencia la extrema vulnerabilidad de la cadena de suministros japonesa ante las decisiones políticas de su vecino.
LA DEPENDENCIA TECNOLÓGICA DE JAPÓN
Aunque Japón ha logrado reducir su dependencia general de las tierras raras chinas del 90% al 60% en la última década, sectores estratégicos siguen al borde del abismo. Materiales como el disprosio y el terbio, esenciales para los motores de vehículos eléctricos, dependen en un 100% de las importaciones chinas. La experiencia de fabricantes globales como Ford, que debieron detener su producción ante restricciones similares el año pasado, sirve como un sombrío recordatorio de lo que podría ocurrir con la industria automotriz y de semiconductores en Japón si el flujo no se restablece.
Pekín ha incrementado su presión de forma gradual tras las declaraciones de Takaichi sobre una posible intervención en Taiwán. Desde recomendaciones de no viajar al país hasta la suspensión de importaciones de productos marinos, China ahora utiliza su control sobre los materiales básicos para la Inteligencia Artificial y la electrónica como su arma más potente. Mientras tanto, la administración japonesa se encuentra en una encrucijada política: retirar sus declaraciones parece imposible por cuestiones de política interna, pero carece de herramientas de contraataque inmediatas para frenar la ofensiva económica. (RI/AG/IP/)
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